Silencio, tres sílabas... como tu apellido: odio confesar cosas; odio mirar la luna y sentirme vacía, odio buscar en el viento el aliento que jamás sentí en mi piel... odio muchas cosas, tanto como tu partida.
Que si las cagué, eso es irrefutable.
Que ignores el presente y repudies el futuro, inentendible. Ambiguo, como las conversaciones de las once dimensiones, de los trenes del sur viajando en las nubes al sol, los ovnis rosados y los colores que pican.
No te conozco; y aunque por segundos desnudaste tu alma indefensa a mi memoria, los rayos oscuros del reflejo de la noche se llevaron al mar los momentos apacibles.
No basta pedir perdón.
No basta odiar lo que fue.
Desasosiego y exasperación, concentrados en el recuerdo transeúnte de tus lentes y las manzanas verdes.
Cuánta saliva desperdiciamos entonces?, cuántas colillas con garabatos indelebles quedarán quemadas en nuestros bronquios?, cuántas lagrimas... y risas que se marcharon con el viento y las hojas secas.
Tus espacios antes de escribir, mi obsesión con el punto y coma.
Recuerdos que quedarán en eso, simples y vanos r e c u e r d o s; que si no trascienden se quemarán a fuego lento con nuestras memorias, sin duda.
Queda por aclarar muchas cosas,
cómo: en días como hoy, necesito tu presencia, tus consejos, tus alientos.
En días como hoy... necesito tu amistad.
Cagada
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