Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

31 de agosto de 2008

Casa tomada

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la mas ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.

Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las ultimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos al mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y como nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejo casarnos. Irene rechazo dos pretendientes sin mayor motivo, a mi se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.

Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No se porque tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mi, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina. Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor para preguntarle a Irene que pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mi se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.

Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte mas retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y mas allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo mas estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble como se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.


Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tire contra la pared antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.

Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:

-Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado parte del fondo. Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
-¿Estás seguro?
Asentí.
-Entonces -dijo recogiendo las agujas- tendremos que vivir en este lado.

Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que me tejía un chaleco gris; a mi me gustaba ese chaleco.

Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.

-No está aquí.

Y era una cosa mas de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.

Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.

Irene estaba contenta porque le quedaba mas tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papa, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:

-Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?

Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.

(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en vos mas alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)


Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamo la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.

No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían mas fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.

-Han tomado esta parte -dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.

-¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? -le pregunté inútilmente.
-No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.

Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.

30 de agosto de 2008

Subway

Eran las 11 de la noche y como si una magia me cubriese, me sentí más vacío que nunca antes, esperaba entonces el metro que me llevaría a casa, y en él dejaría mi vida.
Me disponía a renunciar a mi trabajo, entonces esperé tranquilo.

A la hora que el metro se detuvo y descansó, abrió las puertas rechinando; entré complacido de haber terminado un extenso día de martirio, no me importaba entonces, que la lámpara tiritara… me hacia falta cojones para aceptar la realidad.
Y así con el pasar de los segundos, entré en el trance monótono sentado tambaleando por la velocidad de la jodida máquina.
Después de unos cuantos minutos en-sueño, el olor del ambiente había cambiado; percibía con claridad que algún ente clavaba su mirada sobre mi cuerpo, entonces.. estremecí.

Al abrir los ojos, y notarme de semejante figura esbelta, estremecí aún más.
Me sonrió.
La luz tiritaba, y entonces me acomodé de nuevo en la silla, quedando recto hacia ella.
Me volvió a sonreír.
Los nervios se acumulaban en una sola pierna, tambaleando; mis manos comenzaban a sudar.
Lo notó, y suspiró mirándome a los ojos

La voz no me salía, ni siquiera para poder armar una conversación estúpida entre desconocidos.“Cómo estás?” repetía mi cabeza, mientras pasaba saliva.
Ella se arreglaba el pelo, hermoso por cierto.S
e subía las medias y se echaba aire al mismo tiempo que desabotonaba su blusa, tez canela, ojos verdes, pelo liso y negro como el color de sus botas.
Creí haberla visto en otro lado.
Se acomodaba, cruzaba las piernas. Mientras yo pensaba cómo carajos hacerle para llegar a su cuerpo.

Que calor, repetía con continuidad mientras me miraba y sonreía.
Se recogía el pelo.. y entonces vi a dios; se le notaban la diminutas goticas de sudor que emanaban de su piel, dócil por cierto.
Entramos entonces al túnel, y mientras la luz tiritaba trataba de enfocarla…

Suspiró con fuerza, y cómo si fuera la misma magia que me acompañaba, la luz se apagó.
Siguiendo mis instintos me paré cobardemente, esperando llegar a tocarla.
Efectivamente, ella había hecho lo mismo, y en un abrir y cerrar de ojos, estaba tumbada sobre mi, con su lengua en mi garganta.
Sentía como los carriles se clavaban en mi espalda, mientras que desesperada arrancaba mi camisa sin piedad, fui víctima entonces de sus mordidas, y sus marcas por todo mi torso, no importaba más.

El tiempo nos quedaba corto; tirados en un suelo metálico dejábamos volar nuestras pasiones.
La vía se invirtió, y en un parpadeo terminé encima de ella, sudando de frío y mirándola a los ojos, el viaje entonces terminó cuando me clavó sus uñas en mi espalda, mientras se retorcía sensualmente en el metro.
No voy a olvidar esa noche; y esa última mirada que me regaló, mordiendo su labio deshecha en placer.
Las semanas siguientes todo se me derrumbó, no podía controlarme.
Todo el tiempo estaba en mi cabeza, ya no podía dormir; no tenía noción del tiempo, si quiera para presentarme en el trabajo.
Deliraba todo el tiempo con su figura, mi vida ya no era la misma.

La paredes y los cuadros me hablaban, el eco se hacia cada vez más fuerte... “que calor, que calor, que calor, que calor…”

Los días siguientes al tormento, vivía con una erección todo el día y una sonrisa en el rostro, evidentemente ya no era persona.

Hace unas semanas la vi por la calle, se dirigía muy tranquilamente al metro.
No me notó.
El ambiente se torno tosco, entonces comprendí que: ahí, iba el destino de algún otro hombre.

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escrito viejo*

29 de agosto de 2008

Lucía

Ya la había visto, mi memoria me estremecía cada vez que por mis pupilas se obturaba su rostro; mi cuerpo temblaba lleno de furor y angustia, mientras mis neuronas escarbaban los lugares más ambiguos, en busca de ella.

- me hablaron de vos.- dijo mientras se sentaba y cruzaba sus piernas a la par del segundero.
– me dijeron que eras buenísimo, Julián es que te llamas?-
- ahá.- dije asistiendo con mi cabeza.
– por qué estás por acá?, no creo que te pueda ser útil-.
- mirá… - sucumbía sus labios, mientras mis ojos se perdían en su cuerpo.

Media hora se paso en un salivar instantáneo.
- te espero entonces, mañana a las 2, te parece?-
- perfecto- respondió.
La tarde seguido a eso, imaginé su cuerpo esbelto; sus gotas de sudor por sus pechos y su pelo recogido con esa mirada seductora; bienútil.

Se avecinó la noche, y mis nervios adornaron mi cama.
Soñé con ella, soñé con su voz, y sus gritos. Inimaginable, nunca me había sucedido algo parecido.
- cómo estás?- le dije mientras me ponía mi bata,
- como amaneciste hoy?- reiteré, tratando de ser cortes.

Evidentemente llevaba mucho tiempo esperándome.
Tres menos diez.
Y en un palpar de pensamientos, se encontraba desnuda en el quirófano somnolienta con el abdomen apuñalando al cielo.

Me invadieron las ganas de abrazarla y besarla, y mientras parpadeaba mi realidad confundida actuaba como fantasía.
Los dos desnudos, sobre el mundo.
Sangre.
El golpe basto, de nuevo a la realidad; signos vitales esparcidos sobre el mesón, mezclados con alcohol y bisturí, más sangre.
Mis ojos llorosos calmaban sobriedad; Sangre.
Yacía el cuerpo inmóvil, y mi conmoción no frenaba con el tiempo; aumentaba mi angustia, y como su alma, mi mirada se fue perdiendo lentamente. No volví a ser el mismo cirujano de siempre, la añoré desde mi recuerdo; y sin parpadear voló su presencia a mi almohada; era ella. La mujercita que me vio crecer.

La del lazo de saltar a las 4, o su tomataté a las 6 con sus amigas. Mi garganta sofocó mi deseo; mis manos seguían ensangrentadas, sus yugulares en Marte. La muerte no me iba a perdonar, pasaba el tiempo; y ella seguía intacta, su color había empezado a fundirse en el rojo del suelo. Sus ojos a hundirse, y mi vida a disiparse.

Una, dos, tres horas; el viento se volvió mas denso y yo no hallaba que hacer… ahora la respiraba a ella, a ella y sus líquidos indelebles, sus fragancias narcóticas, sus ambiciones sin tilde; el amor y la muerte; lo que pudo ser, y terminó no-siendo. Era ella, en mis pulmones.
Y luego en mis brazos, que aún seguían ensangrentados Terminó debajo de la luna, a través del mar.

Hoy se despertó de mi cabeza, optó por robarme el sueño.
Y como raro, prefirió sonreírme, (como solía hacerlo con sus amigas a las 6, sentadas juntas en la mesitadelté); prefirió hacerlo, a gritarme desde el cielo, maricón.

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escrito viejo*

27 de agosto de 2008

Infalible intento de odiar

German (con acento en la é):

Después de unos largos años de desgaste: miradas, salivas y abrazos te escribo siendo lo más sincera posible.
Pido de antemano que me perdonen por gastar mi tiempo en algo tan efímero como él; será entonces la ultima vez, lo prometo, que invertiré de mi, en su presencia o su recuerdo.

La pestaña colapsó cuando el sal de lágrimas se desbordó de la pupila. Siendo consciente, sería la segunda vez que lloro por ti, y sabemos bien que mi memoria suele fallarme.

Confié ciegamente en lo que me pudiste ofrecer, momentos agradables llenos de risas, golpes, quejidos, puteadas y rock and roll… pero todo eso quedó en el olvido cuando por descontrol olvidamos promesas; que pasó con nosotros?.

Podría llenarme de placer, hablar de más... pero no soy así; prefiero dejar atrás los recuerdos que podrían mortificarme en un futuro y seguir adelante sin voltear. Dejarte de lado, porque así lo quisiste, porque no fue por más que por tu miserable insolencia que nos dejamos de lado.
No esta mal, cuando después de tanto tiempo se destapan las vendas y los trapos salen a relucir. Confieso entonces que me siento engañada después de todo, pero es mejor revelarse a ser revelado; nuestra amistad se fundamentó en cueritos, encendedores y atardeceres... algo muy superfluo, como tu manera de pensar. Cagada, como dices.


Y pensar que te consideré por mucho tiempo un amigo del alma: ese mismo que siempre está dispuesto a ofrecer un hombro para mojar, una caricia para animar y un abrazo para alentar. Uno pasa por la vida ingenuamente haciéndose ilusiones precarias que trascienden y marcan. Aprendí; y la confianza que una vez te tuve se desvaneció tan rápido como ese humo que se deslizó tantas veces por nuestras gargantas.

Las peleas, los abrazos, el rock and roll, las cervezas, el patico azul. Tantos recuerdos que se empolvarán con el tiempo, como la imagen difusa que ahora tengo de amigo que solía comprenderme.

Me encabrona pensar en todas las veces que estuve en tu boca, siendo el partidario a una cadena de chismes que involucraba tu confidencia, no me consta –lo sé-... pero si lo hiciste una vez, por qué no otras cien?.
Entonces, confié en ti para que con tu misma saliva expulsaras con repudio mis secretos.

Despiértate, así pretendes tener amigos para toda la vida?

Yo no soy la niña más popular, ni suelo andar con mucha gente; pero sé que tengo claro que la confianza es un lazo irrompible cuando de amistades se trata... te falta madurar un poco gam; y si en algo tienes razón es que mis problemas personales no le incumben a nadie más, pero sé coherente, si no le incumben a nadie más no te justifiques para contar por ahí lo que "supuestamente" en tu cabeza debería estar bien guardado.


Yo solo deseo con el corazón que te vaya muy bien en tu vida, que puedas casarte, ser un médico exitoso y puedas viajar por el mundo; espero que no te dejes absorber por la droga y la música, que algún día puedas controlar tu ansiedad con la marihuana y que dejes de lado esas pepas que tanto te hacen mal.

Como sea, da lo mismo que hable o no. Que desee o no, que quiera o no. Total y dejamos de ser ALGO hace mucho.

24 de agosto de 2008

(S)

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Inefable .

Sentir, odiar. Querer, ansiar: viajar.

______
Infalible

Añorar, extrañar.

22 de agosto de 2008

Algo para deprimirse un poco.


___________________
Antes de voltear mi cabeza, repetí tres-mil veces siempre adelante; intento.
Pero se me es inevitable cuando a cuestas traigo una gran espina que no me deja caminar recto, qué pasa?... los brillos musicales penetran mi tímpano y la situación se vuelve incomoda.

No quiero devolverme, no quiero revivir cosas que deberían estar ocultas en el vagón del olvido; se me es irremediable entonces mortificarme con el ayer, voltearme una vez más y darme cuenta que no he avanzado lo suficiente.

Los flashbacks llueven sobre mi cabeza, mi alma me pesa.
Me envuelvo y me encierro.
Hoy.
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From rape to right in,
to real to live
should I lie down or stand up
And walk around again?
My eyes finally wide open up
My eyes finally wide open shut
to find the found of sound
That hears the touch of my tears.
Smells the taste of all we waste
Could feed the others
But we smother each other
With the nectar and pucker the sour
Of sugar sweet weatherblows through our trees
Swims through our seasflies to the last gasp we left on this earth, oh ohh
It's a long lonely journey
from death to birth
it's a long lonely journey from death to...
it's a long lonely journey
from death to birth
oh, it's a long lonely journey from death to...birth
Should I die again?

19 de agosto de 2008

Si fuera sorda, qué?

La vida se reduce a tan solo 5 sentidos, de los cuales todos somos participes; pero mucho seres humanos tienen la capacidad de desarrollar uno de estos mas que los otros, independientemente de cualquiera que sea este, el sentido de intuición se inclina mas por uno que por otro… de ahí precisamente se despliegan las capacidades innatas al hombre
Mi caso no es la excepción, aunque no considero mis sentidos mas desarrollados que los de los demás, me rijo por lo que mi audición me indica, y es supremamente importante para mí; la música.
Diría que es un factor decisivo y determinante en mis estados de ánimos y por eso le tengo un respeto sumamente grande.

Afirmaría también que la música, en todo sentido de la palabra, influye en mi vida de manera brutal
Cada nota que se esconde en los rincones tácitos de mi piel, caracteriza y desglosa una serie de acontecimientos en mi día rutinario.
Por eso, catalogaría a ella, la música, como algo delicadamente íntimo y personal, con una influencia notoria en la misma; mi vida.
Algo íntimo, una relación de compenetración mutua y estabilidad perecedera; cuando ella hace parte de mi ser, de mis sentidos y de mis oídos.
La música no es solo cultura, ni mucho menos moda; es un estilo de vida que se marca en el alma y evidentemente renace siendo una pasión permanente.
Cada sol bemol, cada beep después de una semicorchea, la vibración de las cuerdas o el sondeo de unas baquetas detrás de un platillo, es tan susceptible a mí ser que alcanza a erizar mis más simples pensamientos.
Por esta y mil razones más, vivir sin música para mi, es como vivir sin vida.

Algo netamente esencial en el aura del hombre, el leguaje de las miradas, las caricias afectivas y el amor invisible se reduce solo a un pronombre; la música
En resumidas palabras y volviendo al titulo de mi escrito, si fuera sorda, todo se refundiría a una soledad traicionera; traicionera como ella, la música.

18 de agosto de 2008

Anonimato

Los zumbidos del viento detrás de las orejas, las hebras de tabaco consumado y la soledad de las nubes; rejuvenecía un frio encantador que adornaba la tarde.
No fue un detalle, ni la temperatura corporal; fue el ambiente mismo que en vez de impactarme, supo acoplarse y encajarse perfectamente a las emociones irracionales que brotaba mi piel.
Una inalada y un suspiro netamente suplementario, hacia del lugar y del calor, que por cierto era más frio que si mismo; algo íntimamente emotivo.
En un cerrar de ojos las imágenes retoricas de recuerdos intangibles alborotaron mi cabeza y en un chasquear de dedos, estaba de nuevo a su lado.
Al lado de sus ojos verdes, su peinado inconcreto y su aroma peculiar; que recuerdo, mi mamá solía detestar. No fue más que el frio de la tarde, quizás el color del cielo o la tranquilidad que contagiaba el momento, lo que me llevó inocentemente al lugar mas escondido, siempre al pie de su sombra.

Él; el y sus cuentos de Allan Poe, el y sus cigarros de segunda, el y sus fotografías urbanas, sus mitos sobre la revolución, o su pensamiento algo excéntrico sobre la muerte; y claro, como olvidar las conversaciones sin sentido que desataban nuestras leguas en los parques, a oscuras; en medio de la ciudad.
Las miradas siempre fueron testigo, de algo, aun no definido; que acabó en veremos y en un olvido próximo. Todo de la mano… de un Hola como estás?; bien, te cuidas.

Si, el; el y sus noches infinitas, su magia de colores y sus manos perfectas que aun me cuesta olvidar.
Me acordé de el, por el frio; por la tarde y por el cigarro. Cinco letras.
Conservador, como siempre; el último día que mis ojos lo vieron, se resignó a saludarme desde la esquina, a darme un beso en la frente y un abrazo a medias, evitando la nostalgia y siendo como siempre fue; fuerte.
Aun lo recuerdo, con el frio de la tarde; con la soledad de las nubes.
Aun recuerdo, con el anonimato presente; todo lo que no me pudo ofrecer.
Todo lo que fue, y se quedo en un ayer.

17 de agosto de 2008

Ecstasy

Las paredes guardan silencios y gemidos de la noche anterior, las cortinas cubren nuestros desdenes y las codicias más grandes producidas por nuestros cuerpos desnudos, detrás del colchón, sobre el algodón.

Volamos y entonces la historia se repite, las mordidas detrás de la nuca y los vellos erizados sobre mi pubis; los cuadros dan vueltas, los colores se mezclan, la nicotina envuelve nuestra piel y los poros de sudor se esconden en las sábanas

Calor.

La guillotina baila sobre las yugulares, y del cielo caen lágrimas rojas que envuelven con pétalos el amanecer que se avecina.

Te extraño,
Abril.

16 de agosto de 2008

Domingo 20 de Abril

El día que me enteré que The Doors venía a Bogotá, me emocioné tanto que ahora me es imposible describir el momento. Al día siguiente, las boletas estaban a punto de ser agotadas por el público capitalino, que moría por ver en escena a una de las bandas clásicas del rock alternativo.

La banda legendaria The Doors, se presentó el pasado 20 de abril en el Downtown Majestic cumpliendo las expectativas de todos los espectadores ansiosos. El tour, Riders on the storm (40 años), tuvo un gran éxito a nivel continental; y, sin ser la excepción, Bogotá vivió una experiencia inolvidable, cultural y musicalmente hablando.

Llegué puntual al concierto, 6:45. Como usual, el frio característico de la noche, la luna radiante y una que otra nube adornaba, sin duda, el cielo bogotano; mi cuerpo se llenó de ansiedad y emoción cuando a las 7:15, aproximadamente, abrieron las puertas del teatro. Entré entonces, con un par de amigos; fui objeto de la requisa necesaria y la boleta, en contados segundos, desapareció por completo.

Elegante, vestía el sitio con meseros. El trago Jack Danniel’s y los cigarrillos Pielroja como patrocinadores, le dieron un ambiente disímil al concierto. El público de todas las edades, literalmente, se desesperaba por oír a los músicos aclamados. Un grupo nacional hizo parte de la apertura al concierto, esforzándose y dando lo mejor de sí, intentaron satisfacer a la audiencia exigente que anhelaba oír a la banda originaria de Jim Morrison.

El momento llegó, a las 9 de la noche inició el espectáculo ansiado con una canción clásica del grupo, Love me two times fue cantada con euforia por el público fanático y por su vocalista; un hombre joven que con su pelo largo y crespo, sus movimientos lúcidos y su voz particular imitaba de muy buena forma al gran icono musical, Jim Morrison. Whisky bar, L.A. woman, People are strange y Love her madly fueron parte del mágico repertorio que me sumergió en un viaje al pasado.

La canción más famosa, Touch me, fue dedicada al ex-integrante y líder de la banda fallecido en la década de 60, Morrison. El público, emocionado, gritó exasperadamente, mientras que con el teclado característico se dio pie a la canción.

El concierto, como cualquier otro, tuvo algunas complicaciones: las drogas legales e ilegales estuvieron presentes durante el transcurso del mismo, peleas en las puertas del teatro, desmayos y maluqueras, hicieron parte de la mala cara del show.

Pero en sí, las expectativas se llenaron y el diverso público salió del Majestic, satisfecho hasta las venas, por ver en escena una de las bandas más solicitadas en las últimas 4 décadas.

Gracias The Doors!

14 de agosto de 2008

Nestor:

Hoy me acorde de vos, y la cresta que solías hacerte unos años atrás.

Me acorde de vos, y me llené de nostalgia por lo que pasó y lo que no; por lo que fue y lo que pudo haber sido, en el pasado y el futuro; quizás y tengas razón, de acá a un montón nos volveremos a ver. Y a lo mejor y el tiempo y las circunstancias que nos acogen nos harán cambiar. Algo que confieso, me da miedo.

Dejamos el hábito de escribirnos, dejamos la amistad de lado para dejarnos llevar por los impulsos y los deseos reprimidos que no se quemaron en un pasado, ahora… tú estás en el culo del mundo y yo, cagada del frio empiezo a vivir una vida… que a lo mejor no me pertenezca.

Quiero confesarte muchas cosas, entre ellas… hace mucho que no escribo (como ahora) y a veces, solo muy pocas, me haces demasiada falta: la mirada que aún conservo en mis más tácitos recuerdos, y las manos que siempre añoré en mi cuerpo.

Las conversaciones que faltaron, y muchas cosas que se resintieron por quedarse solo en pensamiento; siento… que nos faltaron acciones para ser, me faltó a mi más que a ti. Y hoy, después de 17 años ó mejor… después 4 largos años de amistad puedo decirte que me estoy enamorando.

No precisamente del Nestor que conocí y que con el tiempo fue cambiando, estando yo inmóvil percatando etapas pasajeras; sino de alguien que despertó en mi el más mínimo instinto… (…)

Me hace falta hablarte, me hace falta sentirte como amigo, me hace falta abrazarte, mirarte y cohibirme frente a tu piel. Todo de manera cariñosa y expresiva –como nunca pude ser-. Te cuento que ahora y sin ti, descubrí una faceta jamás antes vista; la tierna, dulce y cuasi-enamorada que nunca salió a flote. Y te lo digo de la manera más sincera, que he podido redactar.

Quiero contarte muchas cosas; en el frio del atardecer, en el sabor dulce de un mocca o acompañada de la nicotina de un cigarro. Quiero sentarme contigo y ser racional y espontánea.

Quiero compartirte con mi tiempo,

Te quiero, aunque suene poco creíble.

13 de agosto de 2008

Have a cigar (Inspirado: Sábato, Sobre héroes y tumbas)

“tengo tantas fuerzas para amarte”… la mirada líquida llena de lagrimas rojas hizo detener el tiempo.
El grandioso, hoy los traiciona… el tren en una esquina, sigue esperando las maletas “y te lo juro que lo haré por siempre” inmóviles consumidos por un miedo indescifrable atados de brazos respirando del aire mutuo; son solo uno.

Las manecillas del reloj siguen corriendo “perdóname, siempre quise estar para ti”… decía él con un tono áspero, recordando viejos tiempos acuestas de ella. Momentos que mal que bien, se quedaría para siempre en su memoria; sabía con certeza que jamás la iba a besar como aquella noche…

Su primer beso:
En una madrugada de abril de 1999, después de reír hasta el cansancio, Alejandra y Miguel un par de buenos amigos, se encontraban exhaustos fumando soledades en el balcón del recuerdo, en aquella antigua y desierta casa en la esquina del barrio plata en el centro de la ciudad.
“me cuentas de nuevo la historia de tu padre?” –dijo-
“ya te la he contado muchas veces”
“dale, la última” –respondió con una sonrisa en el rostro- A él le encantaba mirarla, sobre todo cuando hablaba; porque en esos momentos los segundos se hacían más largos y el movimiento perfecto y sincronizado de sus labios lo hacía delirar despierto; esos labios que añoraba por tanto, hacían un juego pulcro con sus dientes y su lengua, que después de cada 27 segundos contabilizados humedecían la piel y los poros de su boca, despertando así, corrientazos y sacudidas por todo su cuerpo; el de Miguel.

Siempre la deseé, solo que nunca me atreví a tocarla – pensaba para sus adentros después de 10 años, recordándola con el dolor de su alma. “no migue, déjame y prendo mi cigarro,… y mientras pienso si te la vuelvo a contar” Se volteó a buscar su encendedor en la mesita de noche, y él, como cosa rara la siguió con su mirada; se rascó el cuello como síntoma de desespero y observó detenidamente cada movimiento.
El camisón de seda, y el viento moldeaban la figura esbelta, perfecta de Alejandra; sus muslos llenos de color opaco, resaltaban al igual que sus ojos; perlados, diminutas lunitas incrustadas en el rostro, negros como la noche que los acompaña; llenos de vida.
Se acurrucó lentamente buscando su encendedor con una mano, mientras se apoyaba en el suelo con la gemela,. Al compás de la música, su pelo abatió y adornó su pecho y su espalda. El contraste era hermoso.
Se levantó con delicadeza y volteó su mirada a la cara de Miguel. “que miras?” “nada, a vos” –respondió tímido- “ah si?” –Salía de su boca mientras caminaba hacia su cuerpo- “y que me mirabas?” –preguntó ya estando sobre su rostro a unos cuantos centímetros de distancia- “eh... no pues… nada,… solo vos” –tartamudeó- Y entre risas y sollozos, se recostó sobre la baranda que daba a la calle, prendió su cigarro y miró hacia el cielo.

Después de un minuto, quizás dos, de silencio, miguel preguntó: “entonces,... me contarás?” “Migue, tu si no cambias” –replicó mientras apagaba su cigarro y entraba de nuevo a su cuarto.- Que no cambio? – se preguntó para sí, aún con el olor de Alejandra en la atmósfera, pensando en sus piernas y su pelo.
Después de unos segundos, Miguel decide entrar al cuarto.

“te gusta pink floyd?”- preguntó sentada delante del equipo- “no me molesta” –suspira- “cómo así que no he cambiado?, te parece?”
“era una broma” –comentó como de costumbre, mientras se sentaba al borde de la cama dándole un lugar a miguel a su lado- “apaga la luz, a veces me molesta, sobre todo a esta hora”
“quieres que me vaya?” –Preguntó- “quieres dormir?”
“no, no tengo sueño. Quédate ahí un rato, mientras yo me recuesto si no te aburre estar en silencio, claro”
yo creo que debería dejarte descansar, estas cansada, mejor me voy” Alejandra entonces repone algo molesta: “que no ves que quiero que te quedes?” –respira profundo y agrega:- “apaga la luz”.

Y con el sonido de las guitarras de fondo, Miguel apaga la luz y vuelve a sentarse al lado de ella, pensando y sintiéndose como imbécil, sabía muy bien que fácilmente Alejandra no lo necesitaba tanto, él en cambio era un hombre débil y no hacía más que admirarla y añorarla, para qué entonces podría necesitarlo ella?
“que estas mascullando?”- preguntó ella desde abajo, sacudiéndole un brazo mirándole a los ojos; tratando de hacerlo volver en sí-
“mascullando?, Nada.”
“bueno… pensando, algo estás pensando, idiota.”
Miguel quería contenerse, pero bien sabía que Alejandra en un chasquear de dedos adivinaría lo que pasaba por su mente. “pensaba que… para qué podrías necesitarme tu?”
“por qué no?”
“digo, yo soy alguien muy débil… en cambio tu…” Interrumpe la risa de Alejandra- “ni yo lo sé, solo sé que te busqué porque te necesito hombre, porque… para qué rompernos la cabeza?”
“igual” –contesto Miguel en un tono afligido- “hace un momento me dijiste que te irías con gusto a una isla desierta”
“y bien?”
“pues dijiste que te irías, no que nos iríamos” Alejandra volvió a reír.
Miguel alterado y ansioso se volteó en busca de su mano y mirándola a los ojos le preguntó: “te irías conmigo?”
“no lo se migue, supongo. Pero no entiendo porque eso puede alegrarte”
“y por que no?, si estar con vos es lo que quiero”
“porque te haría mucho mal”
“por qué?”
“verás, yo ni me soporto a mi misma; no puedo vivir con alguien a mi lado, te haría mucho mal”-repitió- En el momento en que soltó su mano, Miguel repuso: “es que no me quieres, es eso verdad?”
“ay migue no empecemos con esas preguntas”
“entonces es porque no me quieres”
“claro que te quiero huevón, es por eso mismo, uno no le hace daño a alguien insignificante, alguien que no despierta un sentimiento… pero es que la palabra querer migue, es tan fuerte… se quiere a un perro, un amante, un amigo”
“y yo?”
“ah?” –los acoge el silencio-

“si, yo?.. yo que soy para vos?, un perro, un amante, un amigo?” Suspira entonces ella, y el ambiente se torna tosco
“ya te dije que te necesito, no te basta?”
Miguel se quedo callado, mirando fijamente hacia fuera; su cabeza se lleno de recuerdos en los que ella se negaba y demostraba poco interés, comprendió entonces que el amor que sentía por ella era tan amplio, al punto de ser incalificable. La adoraba, la añoraba, pero ella… en cambio, no dejaba de ser insensible y dura con su alma; recordó sus palabras “recordá siempre, que soy una mierda” y sus ojos se llenaron de lágrimas y su cuerpo se encorvó agachando la mirada, como si alguna fuerza hiciese peso sobre su espalda. Alejandra levantó su mano hasta su cara, y en medio de la oscuridad con la punta de sus dedos palpó sus ojos.

“ya me lo imaginaba, venga para acá” dijo, sentándose en la cama y manteniéndolo apretado contra ella con uno de sus brazos. “vamos a ver si se porta bien” –dijo, como quien le habla a un niño.- “ya le he dicho que lo necesito y que lo quiero mucho, que más quiere?” –agregó mientras le acariciaba el pelo con la mano sobrante.-

Miguel entonces empezó a besarla, acercó sus labios a su mejilla y con su piel, la acarició; abrazado con fuerza a Alejandra, sintiendo su cuerpo cálido y tranquilo, dominado de una fuerza extraña comenzó a besarla, empezó entonces por su cara, sus ojos, sus mejillas, su pelo, hasta buscar aquella boca delineada y carnosa que sentía a su lado. Por un instante fugacísimo sintió como Alejandra se rehusó y ergio todo su cuerpo rechazando su deseo, pero después de unas milésimas de segundo, ablandó sus músculos; posó sus brazos en la espalda de él, y se dejó llevar por los besos húmedos y lentos de Miguel.
Jugó con su lengua y con sus dientes; y entonces su respiración se hacía cada vez más ardua, y empezaba a perder la cordura, los lapsos de tiempo que gastaba en inspirar – aspirar, fueron más cortos y seguido a esto, empezó a sentirse ahogada.
Él se dio cuenta que Alejandra lo deseaba con todo su cuerpo, así que se empeñó en recorrerlo todo; dando inicio a su cuello, la dejó respirar, y mientras acariciaba con sus manos su espalda y su pelo, la fue recostando lentamente sobre la almohada, despacio; como quien desflora una rosa descendió hasta su pecho.

Por su parte, la respiración de ella iba empeorando; silencio en la habitación.
Se miraron a los ojos, y sin parpadear, Miguel la fue desvistiendo, sintiendo con cada desabotonada las partículas de pasión que emanaban de sus poros

Everybody else is just green, have you seen the chart?
It's a helluva start, it could be made into a monster if we all pull together as a team.

Canta roger; Miguel comenzó entonces con su pecho desnudo y sus senos apuntando hacia Dios, a besarlos y acariciarlos al compás de la música, la temperatura de la habitación comenzó a elevarse y Alejandra a retorcerse sobre la cama; ella le acariciaba su cabello y lo empujaba tiernamente hacia su pelvis.
Miguel, tomándose su tiempo seguía descendiendo, pasando delicadamente sus labios por el abdomen y por el ombligo, “muérdeme” se escuchaba desde la cabecera de la cama, entre respiraciones alteradas y semi-gemidos.
Miguel se sintió en el cielo, y comenzó a morderla suavemente mientras escuchaba los gemidos con la voz de waters de fondo; y los movimientos circulares de su cadera, negándole el paso a sus besos. “mas abajo” le decía ella mientras pasaba sus manos por su espalda y lo aprisionaba a su cuerpo. Recostó su mano sobre su entrepierna y comenzó a desabrocharle la pequeña pantaloneta que adornaba su cintura, sus piernas al aire abrazaban su torso y no lo dejaban salir, la desnudó lentamente, y esperó a que pasara la euforia para comenzar con el éxtasis, ella respiraba cada vez más duro y sin vergüenza a gritarle que lo amaba. La canción volvió a empezar

You're never gonna die, you're gonna make it if you try; they're gonna love you.

Y comenzó a besar su vientre, dispuesto a recorrer todos sus rincones, no demoró mucho en descubrir su punto débil, y como magia, tal cual como su lengua la acariciaba, su gemido se elevaba y comenzaba a sudar.
Alejandra lo amó como nunca, y deseó que nunca se lo quitaran de su lado, aunque se había tardado varios años en darse cuenta de ello, sabía, a partir de ese momento, que Miguel era el amor de su vida.
La trató como una reina, y sin reprocharlo cumplía obsesivamente los caprichos de ella; empezó a ascender lentamente, contándole con sus labios las costillas y con sus dedos acariciándole los huequitos de Eva en su espalda.

Era lo que añoraba miguel, algún día hacerla suya, y así fue.
Ella sin aguantarse más lo agarro de las mejillas y lo llevó hasta sus ojos, comenzó a besarle el rostro y a quitarle la ropa algo desesperada; a morderlo y a recompensarlo con un beso en las mismas partes, victimas de sus dientes.
Miguel no se contuvo, y con pequeñas gotas de sudor en su frente; su corazón palpitando a mil por hora le ordeno tiernamente al oído Abre las piernas –susurrando.
Alejandra le sonrió, y lo miro con esos ojos llenos de fuego y de amor. “me amas?” –preguntó-
“te idolatro” –respondió-
“que tanto?” –preguntó de nuevo, robándole un beso mientras se perdían en la mirada-
“de aquí hasta el cielo”
“tan poquito?” –dijo mientras sonreía-
“de aquí hasta,.. después del último numero” –y le devolvió el beso robado-
“ah si?” –su voz se puso mas suave y empezó acariciarle el rostro-
“si, si… cómo te parece?” –le dijo entre risas besándole el cuello y haciéndole cosquillas con la barbilla
“me querrás mañana?”- le preguntó ella, lo más dulce posible; embriagada de amor de pies a cabeza.
mañana, y el día siguiente, y el día siguiente... y así,... hasta que me muera”
Escuchando su voz, y retumbando mañana, y mañana, ana, na, na, a, a, a, a. abrió sus piernas con una sonrisa en el rostro, y la felicidad se fundió en el amor.

Despacio empezaron a sentir los roces de piernas, lentos y llenos de euforia y efusión, el penetrar, y el movimiento circular mientras que arriba, sus miradas no cesaban, y sin parpadear, sonreían todo el tiempo. Ella lo besó y le susurro que lo amaba, entonces comenzó el exhalar y el inhalar profundo, y la noche se consumió en un grito y en una mordida llena de cansancio. Acurrucados, debajo de las sábanas, con la mirada penetrante y clavada sobre el otro, se acariciaban mutuamente, como si fuera la última vez.
“siempre fuiste muy dura conmigo”
Alejandra sonrió y con sus dedos selló los labios de Miguel y le respondió: “y tu siempre un huevón”

Se dieron un beso, y en medio de juegos intermitentes de música y lenguas preguntó: “me amas?”
“claro que te amo, te amo como a nadie niña”
Y así amanecieron, desnudos abrazados el uno con el otro, inseparables como la misma alma que siempre fueron.
Ella lo despertó con un beso en la frente. Y sin pensarlo dos veces, miguel afirmó. “soñé con vos”

Y entonces Alejandra comprendió que jamás volverían sus noches amargas llenas de vicios si lo tenía a él al lado; muy bien sabía que no necesitaba más que sus besos y sus caricias para ser feliz.
Después de estar unos años juntos, después de vivir tantas cosas y de experimentar tantas sensaciones, la vida se le fue yendo una tarde angostina del 2007:
- me voy
- como que te vas?
- pues, me voy.
- y para donde?, yo te acompaño.
- no puedes.
- por que no?, claro que puedo.
- no entiendes, tengo que irme solo.
- a donde?
- algún lado. Silencio.
- volverás? Silencio doble.
- no lo se
- como que no lo sabes?
- no,… no lo se …

Ella no habló toda la noche, lloraba en su interior, y aunque se lo negara una y otra vez, la magia que brotó esa madrugada del 99, estaba llegando a su fin.
Miguel trató de tocarla, pero ella se quejó; comprendió que como antes, los momentos oscuros habían vuelto.
Al día siguiente, adolorida le preguntó. “cuando te vas?”
a miguel se le quebró la voz y con lágrimas en los ojos respondió: “hoy”.

El silencio los acompañó hasta la estación. (…) “perdóname, siempre quise estar para ti”… repetía por tercera vez él con un tono áspero, siendo participe de la destrucción total /o/ parcial de su vida y la de ella. “no importa, te estaré esperando”
Se dieron el último beso.. y cuando ya estaba dispuesto a dejarlo todo y subirse al pedazo de metal que lo llevaría a la nada,..
“miguel…” Se voltea y cae de nuevo en su belleza
“ah?” Silencio.
“eres un huevón” –le gritó con una sonrisa en los labios, y mandándole uno que otro beso- La sonrisa no duró por mucho, ella aún con sus treintaypóngale encima sigue esperándolo.

Él, buscándose una vida.

12 de agosto de 2008

Instantes efímeros y labios inocuos

Cada segundo se asimila a los rincones más ocultos de mí ser, con un parpadear instantáneo; los sentimientos y las sensaciones descienden como rayos desde mi garganta hasta mis muslos.

La respiración, pausa.
Y mi imaginación responde a los estímulos dados por mi cerebro; y por tu voz.
Cierro los ojos y apareces frente a mí; te desvaneces con el ruido del cuarto, con la luz.

Entre sollozos y suspiros. Besas mi cuerpo te haces mía; te compenetras conmigo, te integras a mis moléculas.
Te desnudo suavemente; Y el amor se purifica con notas, y sonidos electrónicos; el beat de mi cabeza, de mi corazón.
Instantes efímeros.

Que viva la música!
(escrito viejo)

11 de agosto de 2008

Naciste.

Su caminado típico: la mano derecha sujetando la correa del maletín que apoya en su hombro, la izquierda dentro de su bolsillo. Un paso más, la mirada perdida, la sonrisa de vez en vez; el buso característico, la barba de tres día y sus ojos miel que se clavan en mi piel cada vez que me habla.
Su carcajada particular, su sentado con las piernas semi abiertas, su espalda protectora, los vellos de sus brazos, el lunar de su ceja, de su cuello, de su dedo anular; sus labios ligeramente delgados y suaves .... ..... la forma en la que corre.
La pasión que le tiene al fútbol, a su equipo y a su jugador.
El sudor que corre por su mejilla después del gimnasio, la forma en la que se apropia del vicio, en la que agarra con fuerza la botella de cerveza, como baila, cuando canta… cuando lee, cuando dibuja, cuando tiembla.
Cuando ríe, cuando besa.

Cuando jode... cuando me abraza; cuando me quiere, cuando no.
Cuando llora.

Cuando me enreda en sus palabras y me pierdo en la magia de su voz, mientras me ensueña con países lejanos y fantasías utópicos; Ibiza, Cartagena... La playa, la noche; el sexo.
Cuando me hace gemir.

Cuando lo AMO
Como hoy!

10 de agosto de 2008

Ella

Ayer la vi sola y sucia, me conmovió; estaba enferma de soledad, llena de recuerdos negros que no la dejaban andar, no la dejaban seguir.
Ayer la vi, y me miró mientras lloraba, mientras se empapaba de dolor por dentro y estremecía la madera de su corazón, mientras rechinaba sus dedos metálicos y sus incrustaciones de cristal… mientras le suspiraba a la vida y le reclamaba al aire una oportunidad para sonreír y cantar; mientras el cielo la acogía, la volví a ver.
Ayer... ayer sus ojos negros me inyectaron lujuria y agonía, y a la par sentí una descarga eléctrica llena de odio; llena de rencor… rencor, porque desde hace tiempo no la toco, desde hace tiempo no la beso, desde hace tiempo no la mimo, ni la acaricio, ni la consiento; la dejé de lado, la dejé empolvar… la dejé deprimir.

Hoy, después de una noche llena de quejidos, sudor y ojos llorosos la volví a ver, en el mismo rincón de siempre, empolvada y mugrienta.
La diferencia: hoy no se atrevió a mirarme.

Dejé de lado a mi hermosa guitarra.

9 de agosto de 2008

Mi turno...

A causa del dolor de garganta y los anzuelos que arrancan con desdén las partículas pútridas de ilusión... vuelvo a mi estado natural; soñar, escribir. Matar.

Esta soy yo, detrás de unas cuantas palabras y pixeles atrapados en mi memoria. Son cuestiones de piezas que se fusionan mágicamente y se rompen como hielo desproporcionado –las mías-; soy yo, rememorando ambivalencias, desperdicios y relatos que brotan del suelo, se evaporan y colisionan entre las nubes, los pájaros y un cielo roto.

El mismo que llora sábanas blancas, sudores confidentes de codicias, colchones rechinantes, un sueño profundo y una soga al cuello. Lluvias que hablan de amor y de muertes instantáneas en la mitad de la acera; canciones que recuentan mi vida en minutos, que se pierden en las escalas de una partitura perfectamente estructurada, en los techos de la alcoba, en las calles angostas de mi cabeza y en las noches frías que acogen a la luna esbelta –la que siempre se mantiene brillando-.

Ahora, es mi turno de brillar.