Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

20 de abril de 2009

Dolor de cabeza y lagrimas enredadas en mi garganta

: : C a n i b a l i s m o : :

El lugar: Un callejón sin salida, semi-oscuro y silencioso
Lleno de cajas sucias, periódicos viejos, zapatos rotos y colillas desgastadas; todo ambientado herméticamente a marihuana pura.

La abracé por detrás, no importaba más; su nuca femenina apuntaba al cielo nubloso que nos acompañaba con humedad esa tarde; la besé… besé su piel erizada, suave y provocativa. El cielo se partió en mil pedazos, las nubes colapsaron, se difuminaron y en cuestión de segundos quedamos empapados de deseo en medio de la niebla, mojados de agonía entre la tela que rozaba nuestras pieles.
Inmóviles, cedimos poco a poco.
El oxigeno quedó acuestas, sobre las vértebras de nuestro cuerpo. Pasaron varios segundos después de imitar una reacción; sus manos encontraron las mías, se entrelazaron las falanges y las palmas suplicaban amor.
Silencio.

Su cuerpo se acercó al mío; su espalda acariciaba con ternura mi pecho mientras el sol se escondía, la luna se asomaba, y ella roznaba de sus labios y de su pelvis partículas indelebles de algo, que siendo hoy, desconozco.
Mágicamente su cuello se fue desdoblando lentamente hasta llegar a mi hombro, susurró algo inentendible cerca mi piel, se quebraron las ganas y la paciencia, luego suspiró: me besó, me sacudió bruscamente la columna vertebral saboreándome con desagrado, mordiéndome, probándome.
La voltee nervioso, tratando de buscar esos ojos negros y ambiguos que consumirían mi existencia, adornados de sus pestañas perfectas y sus cejas recién depiladas. No era ella.
Sus ojos buscaban ahora, algo en mi, completamente distinto a lo que le podía ofrecer. Me revisaba con sus manos la piel; intentando penetrarla con sus uñas color violeta, desgarrarla con exaspero, desesperada, como si necesitara algún órgano táctil, como mi corazón.
Hizo gestos voluptuosos y mi vida se congeló.

Con brusquedad me acorraló en la pared mohosa, me mordió de nuevo pero con rencor; mientras su lengua se posaba en sus labios cubiertos de sangre , rasgaba con habilidad la piel de mi torso con sus manos; grité… el dolor era inmenso, la anatomía de mi pecho estaba expuesta a la niebla que, densa como ella sola, clavaba en mis músculos pequeños alfileres de angustia, acariciaban mis fibras, las mismas que lloraban glóbulos rojos extensos por mi piel escuálida, ahora, expuesta a sus manos…
Con sus dedos, y aún apoyada en mi cuerpo, acarició lentamente mi pecho; volví a gritar, las lagrimas se derramaron solas por los pómulos pálidos que suplicaban volver.
Su mano se depositó en mis labios y con sus ojos me hizo entender que quejarme no serviría de nada, total, y nos encontrábamos los dos en un lugar un tanto confuso y solitario, acogidos por sombras y niebla; por agua evaporada, nitrógeno, alcohol, marihuana y suciedad.

Se me escapaba la vida de mis propias manos, mientras ella, con su rostro impregnado de placer, disfrutaba cada momento enervante y afligido que enfrentaba mi cuerpo.
Penetró son sus dedos mi ombligo, mientras con ansia revolvía todo mi interior, desesperada, como quien abre un regalo en navidad esperando encontrar su juguete deseado; llena de anhelo, deslizó su mano por entre mis costillas.
La peor sensación de mi vida se resbalaba y se escurría por todos mis nervios, se adentraba a mis huesos y retorcía mi torso.

Parpadeé
Se chasquearon los dedos
El mundo dio un giro


6 de la tarde.
-ooye, que estas haciendo?- dijo con un tono sensual y cuasi-susurrándome al oído, con su voz entrecortada que penetraba mis más tácitos deseos carnales.

El lugar: Un caminito no tan nítido, adornado de árboles y una calle solitaria; una esquina detrás de un poste y una luz que iluminaba el rostro y la blusa negra que forraba su figura.
Pequeñas matas que renacían de lombrices en el suelo, y la pared tapizada de hojas verdes que escondían su color en la noche.

El cielo, opaco con inclinaciones rojizas en el lomo de las montañas y la cúspide de las casas; la luna tímida se escondía detrás de las nubes grisáceas que acompañaban la tarde, todo mezclado con vainilla, una sonrisa… y un cigarro a medio encender.

-nada.- respondí
Sonrió.
Me acerqué a su cuerpo, detrás de los lentes la observé detenidamente; su piel emanaba partículas de olor, fui vulnerable. Se mojó los labios con su lengua, encontró mis manos, me empujó suavemente hacia su cuerpo. Estábamos tan cerca que los cíclopes se trasformaron en aire, el mismo oxígeno para cuatro pulmones.

Intentó besarme, retiré mi cuello.
Sonrió.
Cerré los ojos.
Mis manos detrás de sus muñecas, sobre la pared adornada de hojas verdes, deseos y calumnias; mi boca esperando el momento, las piernas entrelazadas en medio de la noche, en la mitad del camino; sobre la oscuridad.
Se mordió la comisura del labio inferior con delicadeza, la traté suave, como su piel; acariciándole las manos lentamente, perdiéndome en los relieves diminutos de sus yemas.Deslizó su lengua en mis labios, colapsé.

Aún tengo en los segmentos de mi piel partículas de vainilla, y en las minúsculas arrugas de mi frente, huellas dactilares con su nombre.
Rocé entonces mi legua en su piel, sobre sus labios, intercambiando la situación.

Contuvo la respiración con fuerza y sus músculos se aquietaron, le respiré en las mejillas mientras mi boca recorría parcialmente su cuello.
Suspiró.
-no, no- repitió varias veces.
-pero por qué?- repuse.
-porque luego me descontrolo…y … (…)-

Mi lengua detrás de su cuello, bajando lentamente, probando el tan aclamado sabor a vainilla de su dermis, llegando hasta los huesos que se asoman sobre la piel, en la noche, y su clavícula perfectamente alineada; emprendiendo el camino hacia su pecho.

Suspiró.
Me alejó.
Entonces.. no tuve otra opción que seducirla hasta el cansancio, hasta que el tiempo me la quitara de las manos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay cosas que marca el cuerpo, pero se curan en la cabeza.

Hay cosas que pasan.. y otras que no; que las lagrimas fluyan.

El rio nunca es el mismo.