Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

6 de octubre de 2009

Lamb

Tengo miedo de volver a confesarte la verdad. Tengo miedo de hablarte de mis sentimientos “inexistentes” solo porque me ha invadido la cobardía y el silencio; no puedo hablarte ni soñarte, no puedo imaginarme tu voz detrás de mi oreja ni tus ojos pestañeándome en las narices, no puedo suponer tu olor, ni la forma de tu caminar, ni tu acento lujurioso, ni tu sonrisa casi invisible.

Me he conformado entonces con pensarte, con derretirme sigilosamente entre recuerdos que no nos pertenecen, en morir por conocerte y dejar a la intriga ese cosquilleo de la incertidumbre; sonreír por algo que no hemos vivido –y a lo mejor y nunca lo vivamos-, ilusionarme con los suspiros que de vez en vez salen de mi boca solo por nombrarte.

Confieso entonces que esto es lo más raro que me ha pasado, que a lo mejor todo sea un sueño y esa cantidad de sensaciones que me despiertas con tan solo pensarte, sea parte de la ilusión; de un delirio que dejó de pertenecerme hace mucho. No insistí, no te busqué ni te hablé... tienes todo el derecho a pensar que estoy jugando contigo, aunque la verdad sea otra, y en estos momentos esté muriendo por gritar; siempre has de tener las de ganar.

Gritar qué?, no se... cosas que tu oído no pueda percibir, que mi lengua se ate más desglosando palabras inteligibles; algo tan enredado como lo que siento por vos.

Mentí; si te sueño, si te imagino y he supuesto demasiadas cosas. Te sueño despierta cuando voy en el bus, cuando oigo las mil y un canciones que todavía no te he dedicado, sueño contigo cuando miro el cielo por la mañana, o cuando se me cruza una argentina por el frente.


Que loco, y lo peor es que aún ni te conozco.

No hay comentarios: