De qué sirve apasionarse tanto hasta llegar al extremo de anonarse con uno mismo? Somos personas racionales también, o los deseos pueden llegar a desenfrenar el intelecto? Y qué si a los hinchas lo único que les queda es su equipo? No es solo una tribu urbana, no es el típico conflicto social que se resuelve con educación, ni con charlas, ni con abrazos ni con intercambio de camisetas; es un problema con un trasfondo mucho más drástico.
La vida vale más que un balón, dicen por ahí; pero qué si desde un principio un pequeño individuo estuvo lleno de vacíos y de la nada, mientras crecía y desarrollaba su personalidad única e irrepetible encontró una salida repentina para no acabar suicidando su alma –la violencia explicita, el fervor y la garganta seca de tanto gritar-.
Es trágico a mis ojos porque aún no concibo la idea de alentar 90 minutos, rayar las calles, gritar con euforia y pertenecer a una “tribu” violenta que se comunica a través de sangre, golpes y una euforia constante. (y digo tribu porque no encuentro una palabra más acorde a la barra)
El hincha está dispuesto a morir, el hincha no puede vivir sin su equipo y menos aún sin los simbolismos que puede traer un jugador a su vida, las banderas, la camiseta, lo material que se muta en lo intangible. A lo mejor y aún no lo comprendo muy bien porque es evidente a mis ojos que los fieles seguidores y precursores de una barra brava son la minoría excluida por una sociedad consumista donde si no tienes dinero no tienes opciones. Lamentablemente, para mis ideales inconformistas, no soy parte de los marginados; y no viví ni viviré las situaciones de un hincha del barón rojo, ni de uno de los comandos ubicado en la periferia de la ciudad. Soy una niña curiosa que se asoma a la ventana de su apartamento a intentar descifrar las diminutas figuras humanas que caminan por la calle; la cuestión es que mi ventana es demasiado pequeña y que la calle está vuelta mierda por doquier, los muñequitos no caminan, corren & TODO ES UN CAOS ASQUEROSO.
Estoy jodida con la sociedad fragmentada que me encierra cada vez más en una burbuja de helio; me cuestiono entonces: ¿La violencia entre hinchas es una forma de resistir, de contra-luchar con un sistema que los agarra de los guevos? ¿Cuáles son las preferencias de un joven de 15 años que tatúa su espalda con el escudo de su equipo? ¿Quién es el culpable, o aún mejor, hay culpables en un circulo violento donde todos nos respondemos entre sí?
Aún no lo se. Espero desbloquearme.
Pero es mucho más jodido desarraigarte de tus preconceptos y juicios de valor; y es aún mucho más jodido cuando tienes la presión de una nota en tu espalda. Dejar de lado el típico: “malparido bucaro guiso de mierda”.
veremos. . .
No hay comentarios:
Publicar un comentario