Y les escribo para contarles lo feliz que estoy ahora. Adelanto carpeta: Rosario se mejoró, estamos en la casa de mis padres y esperamos unos ingresos para continuar con nuestra travesía.
Pero exactamente de eso no les quería contar, quería escribirles sobre lo que me está sucediendo ahora mismo. Y para eso, tengo que recordarles el asco que sentía antes cuando veía a una pareja besándose en la calle o cuando escuchaba cosas tiernas del tipo “mi amor” “mi cielo” “mi vida”, o lo ridículo que me parecía escuchar a una niña de veintipico de años diciendo que moría por casarse y por verse envejecer con el hombre de su vida.
Sí, me parecía ridículo, me daban nauseas y no entendía el porqué de semejante idiotez. Adivinen qué? Crucé el rio. Nunca me imaginé estar en esta posición, y es que… me pongo a pensar, siempre ahuyenté el amor de mi puerta, siempre jugué con el; nunca lo enserié ni lo invité a ser parte de mí. Hoy me llegó.
Hoy me llegó el amor a la vida.
Y es ella, solo ella.
Porque la verdad... nunca había observado tanta pureza a través de una mirada, y es delicioso; es delicioso despertarse todas las mañanas y encontrarte con ese rostro, con esos labios, con esos ojos que te miran y te atraviesan el alma; es delicioso sonreír por un “buenos días mi amor” y que se te corte el aire por su voz o porque esa persona te dio un besito delicado en la frente o porque te agarró la mano por la calle. Es delicioso abrazarla y sentir como su olor penetra tu piel, es delicioso un bocado de helado de sus labios o una caricia en la mejilla con dulzura. Es delicioso incluso pelear y verla con rabia, te enamora, ME ENAMORA.
Ella me enamora.
Y sé que mucha gente no me entiende, se que mucha gente se pregunta vainas y me reprocha, se que varios critican de sobra y otros envidian a más no poder, pero me vale tres guevos... tengo todo lo que necesito.
También se que es obvio, pero igual quiero escribirlo... estoy enamorada.
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