No llevo más de un minuto; ahora aborrezco todo lo que pudo pasar por mi mente en ese efímero y cauteloso segundo, la verdad es que no te conozco, pero no saber cómo es tu mirada, o como pueden ser tus manos sobre mi piel, o hasta donde llega tu pelo, o el color de tus ojos a la luz; son las cosquillas que siempre quise en mi garganta.
Me dijiste hola, y el mundo se detuvo, sentí como la tráquea de mi alma se cerraba lentamente mientras mi propio oxígeno ahogaba mis más tácitos pensamientos de envidia; si, una envidia que envenena y reacciona químicamente en mi cuerpo:: me hace amarte.
Tus dedos pintan sobre mi cuerpo la imaginación más rebuscada, los besos más amargos y las llamadas silenciosas, recalcadas de besos rotos y sangre dulce… ésa que se derrama con paciencia sobre tu cuello, sobre tus hombros y sobre tu pecho. Ojalá y busques siempre en la oscuridad un espacio para quererme, para añorarme y para cantarme.
Báilame en las nubes, en el pasto seco y las hojas verdes; ámame detrás del sol, el amanecer y debajo del mar, ódiame en el invierno más patético… Espérame, que estamos destinadas a ser una sola.
Perdóname porque no soy yo, eres tú la que absurdamente provoca en mi mente un odio satisfactorio.
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