Colombia ha estado infectada de corrupción por más de treinta años, la violencia que se forjó desde las primeras hegemonías; colapsó y se escalonó por la muerte del caudillo libertador Jorge Eliécer Gaitán y sigue latente en los citadinos de nuestro país, ha dado un vuelco y se está empezando a transformar en una política no-guerrerista; sin embargo la gente suele quejarse aún más que en los tiempos del cólera cuando se vivía una guerra absurda por mantener el poder, demostrando a toda costa que al país no le conviene un cambio; porque seamos sinceros, la política guerrerista – antinarcotráfico ha invadido nuestras mentes y nos ha absorbido a un bienestar conformista; si la mayoría está a gusto la motivación de cambios nunca surge. Es razón suficiente para demostrar el porqué Santos a estas alturas de las elecciones presidenciales sigue como favorito en la población colombiana.
Es tiempo de cambiar; la vida es un derecho inmutable que no se puede violentar, no más crímenes de estado –que en todo caso, ese es el nombre real, no juguemos a simbolismos de preescolar... falsos positivos? Por favor!, al menos tengamos pantalones para asumir de forma madura nuestros errores- no más delincuencia ni falta de identidad; ya no estamos en los cuarentas, la democracia no se rige por un movimiento político, llamarse uribista es algo obsoleto en pleno siglo XXI. . . No es más que una violencia estructural; una violencia en la que lentamente nos sofocamos de manera precaria; una violencia silenciosa, que indiscutiblemente cargan los medios sobre sus manos; -es un orgullo ahora poseer el record más grande de cinismo-RCN[1] .
Aún se me hace increíble como el buen periodismo desapareció del mapa, pero se me hace más imposible caer en cuenta de como nos hemos dejado consumir por unos ideales imperialistas que no nos corresponden, se me hace increíble la posición de la gente ahora y como nos hemos dejado encaminar lentamente a una cultura adyacente a la nuestra, las aspiraciones, los deseos de éxito, el consumo inquietante ajeno a lo natural; creo que es hora de una fusión. –pero ese es otro cuento- (sin embargo quiero aclarar que sin importar qué, nos encontramos en un círculo de violencia vicioso donde todo se conecta con todo)
La cuestión es que es tiempo de coger otro rumbo, no nos podemos quedar estancados en un conformismo ególatra; la realidad está desplegada de nuestra burbuja invisible, necesitamos cultura para confrontar la violencia, necesitamos educación para combatir el conflicto interno. No podemos esperar más, tenemos que dejar a un lado los juicios de valor.
Colombia jamás ha afrontado un cambio de tan alto voltaje. Porque la realidad es que Antanas Mockus pretende más que un cambio estructural un cambio social, la clave del asunto está en... será que a futuro los verdaderos intereses de la élite y de las grandes industrias manejadas por las mismas están en relación y comparten los ideales que asume el partido verde? ó Mockus después de un tiempo se verá consumido por los antagonismos realzados en una sociedad violenta? NADIE LO SABE, pero vale la pena intentar cambiar, no nos queda más remedio que el cambio; no podemos esperar más, abramos los ojos antes que la muerte se nos convierta en algo más cotidiano y despertemos en un cementerio de asfalto.
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[1]No quiero sonar extremista, pero el caos que nos proporcionan los medios masivos es tan evidente que no lo puedo obviar por más que quiera.
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