Esos inconformes, entre ellos muchos jóvenes con su típica inmadurez política, buscan algo peor que el mesianismo y el caudillismo que tanto critican, como son las salidas utópicas. Buscan el Obama colombiano que acabe con la corrupción, la pobreza, la violencia, el desempleo y la ignorancia; que legalice las drogas, que haga las paces con Chávez, que haga el intercambio humanitario, firme la paz con las guerrillas y logre otras enormidades de ese calibre.
Dura responsabilidad para quien tuvo un desempeño apenas normal como Alcalde de Bogotá, magnificado al contrastarse con las pésimas administraciones que de ordinario han gobernado la capital. Su campaña está basada en la honestidad y esa es, de por sí, una apuesta peligrosa porque los 4 billones que se evaporan cada año en Colombia no se pierden en la Casa de Nariño, el hueco está en todas partes y en ninguna. Es el juego de la bolita a la enésima potencia. Entonces, las buenas intenciones no bastan, son espejismos que no conducen necesariamente a grandes resultados.
Y a esa 'marea verde' algunos la quieren hacer crecer artificialmente, a sabiendas de que el voto inconforme -que no es necesariamente de opinión- no alcanza para elegir Presidente. Los que se están subiendo a la ola andan vendiendo la idea de que Antanas es la solución 'decente' y el uribismo (Santos) la 'indecente'. Aprovechan bien que la gente -como dice Mockus- está cansada de la política tradicional, y basan su campaña en el discurso de la transparencia más que en un programa de gobierno realizable.
De ahí el golpe de opinión que promovieron con la decisión de no reclamar 4.000 millones que les correspondían por reposición de votos, dinero que serviría, según Peñalosa -experto en derroches-, para "hacer un bonito colegio". Y la confesión innecesaria de una enfermedad incipiente, que no lo incapacita. Otra apuesta riesgosa dado que en Colombia cualquier discapacidad es un visado a una ciudadanía de tercera.
El problema de los 'verdes' es que Mockus está atado moralmente para recibir adhesiones de políticos tradicionales y que, a pesar de que a su movimiento le quieren dar un cariz de mamertismo filosófico, la izquierda lo sitúa en la derecha. De ahí la dificultad de seguir subiendo.
Pero, de llegar a la Presidencia, Mockus tendría muchos problemas para controlar esa leonera del Congreso y, en general, para gobernar. Allá no va a enfrentar paros de taxistas sino a guerrillas, bacrims, narcos, delincuentes de toda laya y a Chávez. Ahí no hay cabida a sus parábolas y retruécanos intelectuales; allá se toman decisiones, no se predican sermones.
En una columna de EL TIEMPO (02/05/2008), Antanas le pidió la renuncia a Uribe por no encontrar que los medios usados para alcanzar la reelección, se ajustaran a su moral de catequista. Se colige entonces que, como la política no es un partido de ángeles donde prima el fairplay, a Mockus lo acosaría su conciencia por celar demasiado los medios en perjuicio de los fines o porque alguien de su gobierno, mucho más práctico, hiciere lo contrario. Una moral inflexible no resiste la realidad nacional.
La fortaleza de Antanas no es gobernar sino hacer pedagogía en civismo. Es preciso reconocer que se trata de un excelente candidato, pero para Finlandia o Dinamarca, no para Cundinamarca.
Por su parte, Noemí y el Partido Conservador -incluso Vargas Lleras- deberían ponerse serios y entender que sus opciones de triunfo no son reales. Es hora de dejarse de juegos y adherir a la candidatura de Santos si no quieren enterrar su partido y, de paso, un legado construido con muchos sacrificios.
Saul Hernandez
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