Sin embargo, hoy es distinto. Me miro al espejo y me siento madura a comparación de ayer, supongo que fue porque me quite los harapos, me metí a la ducha y me puse unos tacones que reflejaron otra etapa en mi vida... Pasó lo que pasó y me acuerdo.
Me acuerdo, me acuerdo, me acuerdo de esa niña con acento extranjero. La que siempre creyó a ciegas en el amor. Era una soñadora, abrazaba su peluche en forma de elefante y escribía cartas cursis a ese hombre perfecto irreal, trasnochaba pensándolo, soñándolo despierta, le lloraba por el teléfono, rayaba la mesa con su nombre, su pared... en otras palabras era una imbécil.
No sé de donde le salían tantas fuerzas para amar.
“Ya no importa si me dices que no me amas, solamente quiero reclamarte todo lo que hice por tí. Que te vaya bien sin mí, si te veo no te conocí, no es tan fácil pero es parte de este juego. El teléfono nunca más sonó, ella por mi calle nunca más pasó. No es tan fácil formar parte de tu juego”
Llorabas mucho con esa canción, no?.Bueno, creo que jamás me habían dolido tanto las lágrimas de alguien más como me dolieron las tuyas. Y no, no es malo de vez en cuando mirar hacia atrás y sonreír sin rencor...
Sonrío hoy, así se me haya olvidado por completo tu cumpleaños.
Resulta que después de todo, mi corazón creció gracias a ti. Y sí, aún guardo la carta que me diste.
No hay comentarios:
Publicar un comentario