Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

14 de octubre de 2008

Parte I

Jairo. Se llamaba Jairo el único poeta del pueblo, el hombre taciturno que moría por los árboles y las medias lunas al amanecer; Jairo se llamaba el poeta amigo de dios y de la lluvia, de las nubes en la oscuridad, los pájaros cantores, el rocío antes del sol y el alba.
Jairo se llamaba un hombre con esperanza.

Jairo, como todos los poetas, era el partidario de darle sentido al amor, a los besos, a las rosas blancas y a las mujeres bonitas. . . pero un día, la inspiración se fue tan rápido como la noche y Jairo quedó postrado debajo de un árbol, con la mente en blanco y el corazón congelado. Pasaron las horas y nada que escribía, pasaron los días y nada que escribía, pasaron semanas y nada que escribía. . . hasta que una tarde, de la nada, como por arte de magia, se avecinó desde lo lejos una figura esbelta que llamó la atención del poeta, era ella: su mujer ideal: alta, morena, con los cabellos largos y desordenados, la mirada tranquila y los labios sensuales. Fue inmediato, a Jairo se le iluminaron los ojos y de la nada volvió la inspiración, se sentía tan confiado que intentó declamarle el poema más hermoso, y así fue. . .
Jairo, sin pensarlo dos veces dio un brinco y se abalanzó hacia la mujer, la misma que se acercaba con pasos lentos y definidos. Intentó hablarle, pero el cuerpo se le entumeció y la lengua se le enredó; entonces, no tuvo otra opción que ver como se le escapaba de las manos, verla partir y ver como se perdía a lo lejos.. Cuando por fin se fue la hermosa mujer, lo único que pudo decir Jairo fue: “mucha hueva yo marica”.

Entonces decidió aprenderse el poema, lo repetía y lo repetía y lo repetía y lo repetía y lo repetía, así como vivo en el limbo (?); hasta que se lo memorizó. Se sentó de nuevo debajo del árbol y esperó hasta que apareciera.

El cielo raso cambiaba de color, el sol se ocultaba detrás del lomo de las montañas y justo en ese momento, regresó desde lo lejos la misma figura esbelta de la tarde anterior. . . caminando despacio pero segura; Jairo, como si fuera la primera vez que sus ojos la encontraban, brincó y corrió hacia ella, cuando la tuvo enfrente la mente le colapsó y olvidó por completo el dichoso poema.. así que no tuvo otra opción que verla partir; cuando por fin desapareció lo único que pudo decir Jairo fue: “mucha hueva yo marica”

Así que lo escribió, escribió el mejor poema de su vida, para que a la tarde siguiente, cuando la vagal se acerque yo solo tenga que leer el papel y sale. Y así fue, Jairo escribió el poema y esperó toda la tarde a que la mujer volviera aparecer, cuando se avecinó desde el fondo del camino a Jairo le empezaron a temblar las piernas, se le aceleró el pulso y el alma se le expandió; sin embargo, cuando estaban a punto de cruzarse, Jairo dio un brinco y se acercó de nuevo a la mujer.
Cuando porfin la tuvo de frente se le paralizaron los brazos, así que el poeta no tuvo más remedio que verla alejarse a lo lejos. Cuando por fin desapareció lo único que pudo decir Jairo fue: “si . . . mucha hueva yo”

Entonces esperó, esperó toda la noche sentado debajo del árbol, contando las estrellas y cantando con los grillos, esperó a que el frio lo acogiera y la luna le robara la mirada, esperó a que los pájaros le sonrieran y el sol le quemara la vista, esperó todo un día para volverla a ver.


Cuando llegó la tarde y el sol escondía sus pétalos detrás de las montañas azules, se asomó ella, la misma figura femenina esbelta y bien puesta que le había robado el alma al poeta. Cuando por fin estuvieron cara a cara, Jairo volvió a brincar, sacó un cuchillo de su bolsillo derecho y se lo clavó en el pecho, con la mano llena de sangre le ofreció lo que con palabras no pudo decir, su corazón; ella, con una lágrima en su mejilla deslizándose como la sangre que cubría el corazón del poeta, saltó, impuso sus manos sobre el cuerpo de Jairo rechazándolo por completo, dio media vuelta, y siguió su camino.

Y es por eso que desde ese momento, mujeres, muchos hombres no entregan su corazón por miedo a ser rechazados.

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