Había una vez, en un pueblo lejano; una mujer fea, fea, fea, fea, fea, fea, fea, fea como ella sola. Tan fea, que ni siquiera el bobo del pueblo le ayudaba con el mercado; tan fea, que las mujeres le tapaban los ojos a sus niños cuando ella pasaba de largo; tan fea, que no tenia espejos en la casa; tan fea, que los pájaros no le cantaban, que el sol no salía por su ventana, que solamente llovía en la puerta de su casa, que nunca le crecían flores. . . en fin, Marbelle le quedaba en pañales.
Hasta que un día, se le ocurrió ir a donde la bruja maruja para que le ayudara; atravesó todo el pueblo desesperada, corrió montañas, saltó ríos. . . y cuando llegó a donde la brujita, respiró profundamente, se arregló la blusa y tocó.
Después de unos segundos, la bruja abrió la puerta y gritando dijo: ay mamita que pena, me asustó. . . siga sumercé, en que le puedo ayudar
bruja maruja, yo vine hasta acá; corrí por las montañas, atravesé ríos. . . para que usted me ayude a ser una mujer hermosa - dijo la mujer
La bruja descarada se orinó de la risa, y entre quejas, solo se le entendía unas frases a medio armar: usted. . . usted!, quiere ser. . . usted quiere ser bonita!??? cuando por fin se calmó, agregó: yo hago brujería, no milagros mamita. Y se volvió a reír.
La mujer achantada, agachó su cabeza y tartamudeó: pensé que usted me podía ayudar. Y se dispuso a volver al pueblo, pero antes de salir de la casa de la bruja, la misma se apiadó de la mujer y le dijo: venga mamita y yo miro haber que puedo hacer.
Se dirigió hacia la biblioteca gigante y sacó el libro de encantamientos, lo ojeó, levanto la mirada. . . se detalló la mujer y con una mueca dejó el libro de lado; sacó entonces el libro de hechizos, lo ojeó, levantó la mirada. . .y lo dejó de lado como el anterior; buscó pues el libro de pócimas, miró a la mujer. . . y decidió no utilizar ningún libro.
En la olla gigante, hirviendo como la tarde, mezcló: uña de gato, hueva de buey, oxido de bicicleta, sangre de oruga, lengua de cerdo, pelo de Daniela franco y muchos colores. Cuando estuvo lista la pócima-hechizo-encantamiento, llamó a la mujer y la obligó a tomárselo.
Después de unos minutos, la casa comenzó a temblar y la mujer a convulsionar; las caderas se le ensancharon, creció un par de centímetros más, la luz le dio un bronceado espectacular, se le angostó la cintura y el cuello se le estiró un poco; desaparecieron las gafas y los frenillos, se le soltó el pelo y adquirió un color cobre hermoso, los ojos se le resaltaron, las pupilas se le dilataron, las pestañas le crecieron y los labios se le marcaron en el rostro.Estaban dichosas las dos, la bruja por su parte. . . por no matar a la peladita, y la mujer porque después de toda la vida, por fin era hermosa, porque ahora podía sentirse orgullosa y tranquila.
Llegó a su casa, y mientras atravesaba el pueblo con gracia y elegancia, los vecinos se asomaban por las ventanas, los niños dejaban de jugar, los hombres aquietaban su rumbo, hasta el ciego del pueblo se llenaba de placer. Y la mujer se sintió deseada.
Salió hacer mercado, y todos los hombres querían ayudarla, hasta el bobo del pueblo. Y la mujer se sintió deseada.
Al llegar a su casa encontró su primera carta de amor, con rosas y chocolates. Y la mujer se sintió deseada.
Al acostarse, escuchó que de lo lejos se acercaba una serenata para su ventana. Y la mujer se sintió deseada; pero por miedo, no se asomó en toda la noche.
A la mañana siguiente, al abrir la puerta de su casa y salir como todos los día a hacer mercado, encontró a un hombre; el primer hombre que sentado murió de amor en el pueblo, pero la mujer no hizo caso.
Al día siguiente, ya no era uno sino tres hombres los que amanecieron en su puerta, muertos de amor. Y la mujer se empezó a preocupar.
Al día siguiente, cuando fue abrir la puerta, ya no eran tres sino diez, y el pueblo se comenzó a preocupar, ya estaban jartos que la mujer no se decidiera por alguno; era injusto que sin hacer absolutamente nada estuviera acabando con el espécimen en el pueblo.
Así que aburrida de la situación decidió ir a donde doña maruja a que le hiciera el fa’ de volverla a su estado natural: Fea; por lo menos así ya no tendría el peso en la espalda, de la muerte de hombres por culpa de su amor.
Cuando llegó a la casa y le comentó la situación a la bruja; con un gesto rechazó cualquier tipo de información y le dijo: usted ya no puede volver a ser fea mamita, ese hechizo no tiene reversa. Deprimida la mujer, le rogó ayuda a doña maruja; ella gentil, le dijo que si quería se podía quedar en la casa, pero que entonces le tenía que lavar los chiros, hacer la comida, barrer el patio, lavar los baños e ir por el mercado. Y así fue. . ..
Hasta que un día, caminando por el sendero de vuelta a la casa; después de haber hecho el mercado en un pueblo distinto al suyo. La mujer vio como un hombre se le abalanzaba, se clavaba un puñal en el pecho y le ofrecía su corazón aun palpitante; ella con un dolor en su alma, se dio cuenta que la pesadilla todavía no había terminado, dejo caer una lágrima por su mejilla, le dio quite al hombre y siguió de largo.
Es por eso que desde entonces, muchas mujeres rechazan el corazón de un hombre por miedo a lastimarlos.
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