Escuché un sollozo...
Mis manos se atrevieron a desafiar lo evidente, le bajé la tira del brasier abrió sus ojos, me miró a los ojos y sin pensarlo dos veces se lo arrebaté de su cuerpo, pasé saliva al mismo tiempo que ella inclinaba su quijada hacia el techo; el pelo le caía por los hombros y la cintura perfectamente moldeada hacia un juego hermoso con su lunar, la mezcla perfecta para descontrolar mis sentidos; la cogí con fuerza de la espalda mientras con mi dedo índice le acariciaba el pecho delicadamente, descendiendo en forma de zigzag por entre sus senos, suspiró; su cuerpo era un papel y mis dedos un lápiz, su costado, sus costillas, sus pechos, su clavícula, SU PIEL.
La besé, la besé por la mitad de los senos, bajé hasta su ombligo y volví a subir; mi manos se deslizaban por entre sus piernas; empezó a ponerse inquieta. Sus dedos de los pies no podían contenerse, me abrazó con sus rodillas y me hizo tener más contacto con su piel, estábamos a punto de descontrolarnos los dos. Le pasé mi lengua por la cadera y su respiración empezó a agitarse, le desabroché el short que tenía puesto y volvió a suspirar. Mis manos no se querían despegar de sus piernas; me había enviciado completamente con su cuerpo.
Desde los tobillos hasta los muslos, mis dedos ascendían muy lento, mientras con los dientes hacía el intento de quitarle el short. La agarré por detrás de la rodilla con una mano y volví a su cara; estábamos en una posición demasiado cómoda, mi rodilla sobre el colchón, sus piernas abiertas una encima la mía, mi codo sobre las sábanas, sus manos encima de mis hombros y mis dedos detrás de su pierna. Abrió los ojos y con la ceja aún fruncida intentó sonreírme; la besé lo más tierno que pude, rozando mi lengua con la suya y quitándole la respiración de vez en cuando, me agarró por los hombros y con sus uñas buscó la punta de mi camisa; me la quitó por la espalda.
Le mordí el labio inferior, le mordí la lengua, le rocé mi lengua descarada por sus labios cerrados, por la comisura de sus labios; me agarró de la cara y me dio el mejor beso de mi vida, me cogió de la nuca y mientras me besaba y me mordía el labio superior me acariciaba la cabeza y el pelo; mi cuerpo empezó a colapsar.
Cuando terminó de besarme, se dirigió hasta mi oído y mordiendo mi oreja tiernamente me dijo: ámame. Le quité el short. Me puso las manos en los hombros intentando detenerme. La miré a los ojos y haciendo un gestico raro me desabrochó el pantalón. Temblé cerrando los ojos.
Cualquier roce de su piel despertaba mis sentidos. Me agarró de la cara y me besó.
Me molestaba el pantalón, no podía sentir sus piernas desnudas, así que me separé de su cuerpo y sentándome en el borde de la cama me empecé a quitar el pantalón de la forma más paciente y lenta que pude, se paró de la cama desesperada; se acurrucó y abrazándome por la cintura empezó a besarme la espalda, la nuca, a morderme los hombros, cerré los ojos y me deje llevar, me agarró del pelo y me dejó caer en la cama.
-que pasoo?- me dijo entre risas.
-morí.
Reímos los dos, intentó ponerse encima de mí, pero en un juego de fuerzas terminé sobre ella, se humedeció los labios. Suspiró como nunca en la noche había suspirado. Le tomé una mano y entrelazando mis dedos con los suyos se la puse más arriba de la cabeza intentando aprisionarla a mi piel. Sus senos apuntaban al cielo, le besé de nuevo el cuello y sus sollozos se hicieron más presentes, me descontrolé, la besé en los labios y sentía como su cadera se movía al ritmo de mi lengua, le mordí el labio. Gimió. Frunció las cejas y cerró los ojos; y no supe si fue por vergüenza o por placer. Intentó soltarme la mano pero no pudo. Y cada segundo que pasaba me descontrolaba aún más.
La besé en los hombros, en los senos, en la mitad del pecho, se ponía cada vez más inquieta. Le quité la ropa interior y sentí como sus piernas abrazaban mi cintura, intentaba no moverse pero era inútil. La besé por el costado llegando hasta su cintura, le volví a besar el lunar, le mordí el ombligo; volvió a temblar. Llegué a su cadera con mi lengua, a su pelvis. Mis manos se deslizaban por sus rodillas; se agarraba el pelo y su abdomen comenzaba a contraerse. Le abrí las piernas muy lentamente... y...
“no, no...” dijo...
Se las abrí aún más y esperé para poder llevarla al cielo; se movió brusco y lo tomé con una señal, comencé a besarle el vientre de la forma más delicada posible. Gemía, y entre gemidos me decía que parara, seguí en su vientre acariciándola con mis labios hasta que me dijo “no más” con los ojos cerrados y la respiración acelerada. La cogí de la cintura y su mirada no se despegaba de mis ojos; su pecho se dilataba y se contraía muy rápido, pasaba saliva cada 10 segundos.
Me subió la ceja, me quité lo único que me faltaba y quedamos completamente desnudos ella y yo. Cerró los ojos, se acomodó en la cama y me abrió las piernas; me agarró de la nuca.
-Segura?- le pregunté con la respiración aun acelerada y sin aire en los pulmones.
me asintió con la cara y frunció de nuevo las cejas. La besé en los parpados, se quedó mirándome con brillo en los ojos. Deslicé mi cuerpo sobre el suyo y su respiración se aceleró, no me quitaba los ojos de encima; le agarré las piernas y empezó a encorvarse; comenzó a gemir entre los dientes, mi respiración hacia juego con sus gemidos. Se pasó la lengua por los labios y se dio cuenta de mi cara de deseo, sonrió.
Me deslizaba en su cuerpo húmedo, éramos uno solo, sollozaba y entre el sudor le susurré: quiero hacerte un amor inventado; me clavó sus uñas en mi espalda y comenzamos a gemir sin cohibiciones. Me tumbó a la cama, me acarició las mejillas y con sudor en la frente sentí como se sentaba en mis piernas. Apoyaba sus manos en mi pecho mientras empezaba a moverse tiernamente sobre mi cuerpo. Comenzó a gemir, mis manos se deslizaron por su cintura, por su cadera y por los huequitos de Eva; desdoblaba su cuerpo, movía su cadera en círculos y me apretaba los muslos con sus rodillas.
Ver como su cuerpo contrastaba con la luz de la madrugada por en medio de las cortinas, ver su pelo caer por entre sus senos y sus cejas fruncidas con su respiración agitada, sus uñas clavadas en mi pecho y las mordidas que se pegaba a sus labios, me hizo descontrolar. Estaba inmerso a ella, a su cuerpo, a su sudor; no me cambiaba por nadie, pude volar a la luna volver a la tierra e ir a Marte con sus caricias y sus movimientos perfectamente sincronizados.
Gimió la ultima vez, con ganas y cayó tendida a la cama, se arregló el pelo. Suspiró. Y me le acerqué a su cuello, se lo mordí y empecé a morderle toda la piel, su respiración volvió a acelerarse, la agarré da las piernas y volví a deslizarme en su cuerpo, no dejábamos de mirarnos, los gemidos eran mas notorios, la respiración acelerada de los dos hacía que ignoráramos el mundo; se acarró de la cabecera de la cama y el mundo se detuvo. Gemí por última vez y sudado recibí una sonrisa de sus labios. Me besó.
Se acostó desnuda a mi lado, abrazándome por el pecho.
Ya estaba amaneciendo, estuvimos abrazándonos un buen tiempo.
Le besé el pelo y le susurré:
TE AMO.
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