Iba caminando por la calle... cuando
Yo no me entiendo cómo una mujer tan linda, puede llorar de esa manera. – dijeron mientras cruzaba la calle; para mi sorpresa no había nadie más a mi lado, la acera estaba sola, el silencio deambulaba y los únicos que me acompañaban esa tarde eran: las nubes y su viento.
Estaba por llover y la gente se escondía en sus casas. Todo se me hizo muy extraño: las miradas, los ladridos, el olor del ambiente, los niños, sus padres, sus ropas, sus ademanes, en fin... aunque por otro lado, jamás había pisado ese sector de Bogotá y era de esperarse la reacción de la gente.
Seguí mi camino observando cada detalle: las hojas suicidas de los árboles, los gritos ciegos de los carros, las pisadas invisibles de los perros, las cajas de algodón, las casas de cartón... y se me encendieron los ecos sordos de Charlie García: Cuando estés mal, cuando estés sola, cuando ya estés cansada de llorar... no te olvides de mí porque sé que te puedo estimular.
Supe entonces que estaba perdida, que por dentro estaba vacía; que no sabía de mi, ni de nada, que no era más que un recuerdo atrapado en la mente de alguien-algo inconcluso.
Supe, . . . que el dolor no era pasajero, que la vida me había clavado un puñal y la costumbre había invadido mi cuerpo, que era de piedra. Que ya no sentía ni mis propias lágrimas, ni mi propia amargura.
Que estaba condenada a caminar por la vida sin rumbo fijo. Dolida sin conciencia.
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1 comentario:
El karma...
No voy a decir nada del escrito , tú sabes , como todos.
Me estoy quedando muda, Marta.
¿Sabes cuando estás confusa, no sabes lo que sientes y depronto te lo encuentras por casualidad escrito en un poema?¿Con nombre y apellidos?
Es muy... wow. Está bien saber el nombre de las cosas que uno tiene adentro. Pero es desesperante que no tengan cura.
Un beso niña.
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