Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

27 de marzo de 2009

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La música: un presente colectivo.

El objetivo de este escrito NO es notificar, tampoco testificar, criticar, investigar ni indagar; mucho menos recrear o distraer… entonces, quitémosle el “objetivo”; también la clasificación. Solo es un texto narrado por mis dedos (y por mi mente) y que se dirige a una población en común; a los lectores que valga la redundancia, me leen.

Comienzo mi historia relatando que hace no mucho, me encontraba caminando por una de las calles mas transitadas de mi ciudad natal y escuché algo que me impactó bastante; y que siendo hoy, lo recalco iniciando mi escrito para enfatizar un poco sobre la sociedad y la importancia de la música en ella.

Pues bien, les venía contando que percibí algo que me extrañó un poco y que al describirlo me causa un poco de gracia. Ese día, escuché a un niño de no más de 12 años, con el i-pod medio puesto, cantando a los tres vientos: “a ella le encanta como le hago y le doy”[1]. La reacción fue casi instantánea; a la par del segundero me volteé con una expresión de asombro y lo miré con una indignación descarada.

Desde ese momento, me surgieron pensamientos de la nada, y colapsó mi sentido oculto (el que todos tenemos bien guardado) de sentido social. Qué esta pasando con “nuestra” civilización?, a donde nos está llevando la sociedad de consumo?, qué nos está vendiendo los medios y cuales son sus efectos en nosotros para que actuemos de esa manera?.

Resulta que la buena música, el rock clásico y el alternativo terminaron siendo un fastidio para las nuevas generaciones. Claro!, ya eso pasó de moda, el concepto de música se ha venido degenerando tanto. Pero aún todavía se me es imposible asimilar que haya gente que afirme que su cantante favorito es Daddy Yankee, o Tego Calderón; bien, no quiero tomar una posición radical frente al tema… aclaro; pero, tal cual, literal… y si nos ponemos a analizar, el reggaetón en sí no se puede considerar como música, no tiene la armonía necesaria, el ritmo y la relación entre el sentido de la canción; la letra y el equilibrio musical, que un género musical suele tener.

Pero es que a la gente le dejó de importar eso, la música terminó siendo un rato de relajo sin trascendencia emocional, que cohíbe de cierto modo el palpar de nuestras almas y el sentirnos participes de una cultura definida.

Las culturas desde un principio evolucionaron gracias a la música, todo se regía entonces por los sonidos y las nuevas tendencias musicales, la ideología estaba claramente explícita en ella; desde un comienzo, el hombre erguido se dejó llevar por los sonidos de la naturaleza y así se sintió parte de ella. Todo presidía alrededor de ella, los cultos y ritos la envolvían de una manera audaz.
Eso se fue desvaneciendo poco a poco, ahora; en pleno siglo XXI la cultura musical está extinta. A la gente no le importa escuchar letras que solo evoquen deseos sexuales y pensamientos no tan libremente aceptados.

-“pero eso que importa?, si es chévere, y se puede bailar”- me dijeron una vez, cuando pregunté los efectos del reggaetón en la vida de alguien. Precisamente, no importa. Ya la música perdió su sentido esencial, comunicar, transferir y hacer sentir.
Claro, tanto el reggaetón, como el dark-metal y todos sus derivados son desviaciones de cultura y movimientos que mi cabeza aún no logra entender. No logra entender, por las actitudes que suelen tomar dicha gente.

Nunca he estado en un concierto de reggaetón porque la música, los cantantes y la gente me suele agobiar; pero una vez estuve en un concierto de death-metal, y les cuento… la experiencia fue traumática.

Hace aproximadamente 2 años, fui convencida a entrar a dicho concierto por un amigo que le encanta todo este cuento de la música “progresiva”, lo acompañé un rato a ver a su banda favorita, pero me hallé sorprendida por lo que pude encontrar adentro. Era como la inquisición, absolutamente todos vestidos de negro y con un par de accesorios extravagantes; gente que … muy rara vez se ve caminando por la calle. La ropa, un factor no tan importante pero si impactante.

Cuando el famoso grupo salió a tocar, la gente se enloqueció y yo me estremecí; las reacciones todas acompañadas por un humo inmenso de marihuana, gritos, gemidos y toda la clase de bulla inimaginable.

La letra inentendible, las guitarras distorsionadas, el ritmo a una velocidad exagerada y la gente en medio de emociones, exaltados y casi hiperventilando, se tiraban golpes, puños y patadas unos a otros. Claro, el famoso pogo. Eso ya lo había vivido antes en rock al parque, pero puedo jurar que nunca vi nada parecido; después me explicaron que no era un pogo, sino mosh.
Según wikipedia* “el mosh se refiere a la actividad en la cual los miembros de audiencia en el funcionamiento de música en vivo, agresivamente empujan o se golpean el uno con el otro. El mosh con frecuencia es acompañado por el salto de etapa, el surf de muchedumbre, y headbanging. Comúnmente es asociado con conciertos de el heavy-metal, dark-metal, death-metal, punk rock, entre otros.”

Algo así, fue lo que viví esa tarde.

El aspecto del bar era grotesco, y todo se fusionaba y hacía una mezcla perfecta para la ocasión; lo que más me causó curiosidad fue la letra… no pude comprender ni una sola palabra de la canción, y lo peor de todo es que mas de 60% de los espectadores, fanáticos, se la sabían de pies a cabeza.

Pasamos entonces de un extremo a otro: del reggaetón al dark-metal; géneros que están surgiendo y cogiendo auge por la gente, el heavy en general, viene de varios años atrás, aproximadamente de finales de los 70’s y principios de los 80’s… de ahí se desglosa el death-metal, el neo-metal, el industrial… etc.

El reggaetón por su parte: nace de la fusión de ritmos africanos, puertorriqueños, y costarricenses; surge entonces la champeta, y con ella el reggaetón mucho después a comienzos del 2000.

Esto, en cuestiones de la música y su historia, pero en sí el papel que está cumpliendo estos géneros en la sociedad; el degradar notoriamente la cultura y en volverse parte de una masa sin intelecto y sin capacidad de razonar… me hace cuestionar de manera brutal las ideologías de dichas culturas.

Las experiencias, en si; incómodas de relatar, traen a mi cabeza pensamientos no del todo agradables.
Cómo es posible que me encuentre yo con un niño de 12 años cantando semejante barbarie?, que claro, me imaginó que para él no tiene mayor trascendencia. Estamos siendo consumidos por los medios, y por las nuevas tendencias que salen a la “moda”.

Estamos perdiendo nuestro criterio y nuestro poder de decisión… la música ya no es la que una vez fue… vale la pena seguir consumados en esa sociedad de consumo que nos exige cada vez mas ser del montón?.

Por mi parte, no creo…

¡Que viva la buena música!

[1] Canción: Wisin y Yandel: Llame pa’ verte

1 comentario:

rOo RAMONE dijo...

¡Qué viva!




//Un beso//