Solemos pasar por alto la historia y lo que somos en esencia, desde hace siglos nos acostumbramos a ignorar nuestra sangre; somos un colectivo ciego y soñador... Hoy afirmo que la amnesia social ha sido el detonante más silencioso de toda nuestra historia; ABRAMOS LOS OJOS, NOS URGE IDENTIDAD.
El próximo 20 de julio celebramos 200 años de una independencia dependiente, sin embargo la verdadera cuestión a analizar está en el olvido; en el pedazo de historia que nos embutieron unos cuantos españoles y en las cenizas regadas por la tierra de los papeles testigos de los verdaderos hechos relevantes; en la revolución se esconden las auténticas raíces de nuestra sangre criolla.
La revolución de los Comuneros; Manuela Beltrán, Antonio Nariño y Policarpa Salavarrieta a lo mejor y hagan parte de unas cuantas portadas de libros escondidas en los estantes más recónditos de nuestras bibliotecas cerebrales, pero... Benkos Bioho?
Seguramente hará parte de un olvido intangible, a lo mejor y la corriente del tiempo lo succionó sin compasión arraigándolo a la tierra palenquera y sofocando lo que quedaba de él en un monumento subyugado en algún pueblo perdido de Colombia.
Benkos Bioho, el primer esclavo libre de toda América se ha filtrado detrás del viento para dejar de sollozar su grito ensordecedor.
En cuanto a lo que me compete, mi intraventura introspectiva ha regenerado esporádicamente unas cuantas conexiones sublimes a lo que soy en conjunto. Conexiones que me hacen pensarme como sujeto en función de la tierra, lo nuestro y lo que geológicamente debería ser trascendente. Una búsqueda insaciable sobre lo que soy y lo que nunca debí ser... he empezado un largo viaje de reflexión encaminándome sobre los escalones del tiempo, mirándome de afuera hacia dentro.
Por qué? Porque me siento llamada a ser lo que soy y no pretendo ser la imitación clara de una imagen líquida emitida detrás de una pantalla plana. Quiero caminar descalza por mi tierra y silenciosamente gritar exaltada sudando mi sol y llorando mi agua: que soy yo parte de ti. Que estoy a tu función y que no hay mayor placer que sentir correr la arena de tu tierra entre mis venas; que no hay nada mejor que respirar de tu aire y fumar de tu cuerpo.
En cuanto a Benkos Bioho, pronto escribiré sobre él y su piel negra que aún sigue latente, sudorosa en mi memoria imaginativa.
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