Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

3 de mayo de 2010

TENÍA LOS OJOS BIEN CERRADOS AL SUR ( I )

Hace poco se me erizaron los vellos diminutos de la piel, y fue ella mi causa y mi efecto.
Contaré mi historia despacio y con ganas:

Por la mañana salí de mi casa perturbado aún por el sueño tortuoso de la noche anterior; dispuesto a viajar entre nubes me armé un bareto a medias temblando sediento de un miedo incontrolable. Fumé, caminé, sonreí y tosí. Llegué a mi punto medio, pagué mi pasaje y me sucumbí entre el tumulto de usuarios desesperados por el olor humano. Pasaron diez minutos, ni más ni menos, cuando por fin pude sentarme inspirado en el pequeño viaje que flotaba en mi cabeza.

- Próximas paradas: Jiménez y calle diecinueve – dijo el abuelito repleto de pelos faciales blancos, postrado en una mecedora jodiendose la espalda sobre el capó del transporte.
Se abrió el telón, la campana sonó y yo con mis parpados cocidos y mi cabeza inclinada hacia atrás –como si mis pensamientos pesaran más que el cuerpo- me fundí en un sueño despierto.
El ambiente se tornó tosco y el olor se invadió espontáneamente de vainilla pura. No voltié, no abrí los ojos si quiera para notar la presencia claramente femenina que me perturbaba en la oscuridad. Me la imaginé alta y morena, desdibujé su rostro uniforme en mis memorias, le pinté el pelo y los labios, le contorneé la voz con mis dedos y justo en el clímax del viaje me desperté confundido buscándola con mis ojos bien cerrados.
Los ojos que apuntan al sur y los pensamientos que me sofocan desde el norte.


La sentí, sentí su respiración justo al lado de mi hombro, sentí sus pulsaciones y su olor; mientras me sucumbía de nuevo al viaje sin retorno me rozó con sus ropas.

- Qué descarada, pensé- y automáticamente se me delineó una sonrisa efímera en el rostro. Parpadié con prisa dejando salir los bastones fotosensibles del globo ocular vislumbrando la luz y bocetando muy tenuemente las figuras de los pasajeros que apuntaban sus miradas a mi cráneo, subí mis ojos contrarreloj y ahí estaba ella, detallándome sin descaro.

- Mucho gusto, angélica- soñé
- Nada de gustos, es un placer tenerte al lado mío- le dije.

Me llovieron pensamientos en forma de aguacero, podría oír las gotas bailando en el agua de mi cabeza y mi figura diminuta naufragando por el caos producido por su presencia; me efectuaba por mis deseos; me causaba angustia.
Volví a soñar.

El bus frenó y en una acción involuntaria me golpeó el rostro con su equipaje, fruncí mi ceño y la busqué con mis ojos. Su esencia era tanto que se me hacía imposible generar disgusto con mis gestos; no podía, estaba a su favor.

Hoy lo pienso con calma y puedo decir que fui parte de un juego en donde el deseo y la química del cuerpo me ensordecían por dentro.
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continuará...

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