Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

17 de enero de 2009

Angel

Y mientras se muerde el labio con fuerza, escucha detrás de sus oídos “just believe… just breathe”; y cada vez que le remueven adentro y le joden el pasado, él solo comprime sus dientes y llora en silencio,… pero con rabia.
Esta vez fue distinto, porque al volver comprendió crudamente que estaba solo, que aunque caminara y tropezara mil veces con rostros distintos, estaba más solo que nunca. Mientras se sentaba asfixiado por los aromas juveniles, escuchaba su conciencia reprimiéndole y alegándole por todo lo existente.

No bastaba una bala en su pecho, el peso de su espalda contaba como todo, las apuñaladas, las abofeteadas, las escupidas, los disparos, las heridas, todo.

Solo en la penumbra más asquerosa de su interior, se consideró; y mientras despertaba por primera vez en la esquina de un viejo bar… desconsolado se arreglaba con lo que podía y se disponía a comprar una cerveza.
–Claro, se estaba considerando-.

Jugando con la espuma de la bebida y los disparates que rondaban por su cabeza se recostó sobre la barra, y pensó en su futuro; en la poca vida que le quedaba; no era adecuado ser conciso, no en ese momento, porque raramente, él ya no sabía para donde coger.
Y de nuevo “just breathe”, la voz que esa repugnante mujer le hacía mortificarse. De nuevo “just believe”, entonces todo pasó en un efímero instante, disgustado pegó un salto en la silla mientras se enojaba consigo gritó a los cielos: – que crea en qué!?.

La vida le había hecho una perfecta jugada, porque mientras se mataba lentamente, en la entrada del viejo bar estaba su ángel… la mismita de los sueños imprecisos, la que lo hacía despertar con sudor en la frente. Esa!, Esa… la que una vez le dijo que lo amaba, y otra lo mató a mordiscos, la misma que ahora se pasa la lengua por entre sus labios rojos y lo mira con indecencia pensando no-se-que-cosas; la mujer de piel canela que lo espera en la entrada.
El sigiloso y perturbado intenta no parpadear para no perderse semejante belleza, el tiempo se vuelve más lento, y completamente quieto se percata de cualquier movimiento de la figura femenina,… mete su mano al bolsillo, saca de su cajetilla un cigarrillo, se lo acerca a la boca y espera que el tiempo pase… prende su cigarro, y espera que el tiempo pase.
Su mirada se le ha perdido, pero la de él no; sigue inmovil
- Jóen, son dojemil peso’. –

y él sigue intacto. No se cambia por nadie, el momento es perfecto, su vida ha tomado otro rumbo… Sin poderlo explicar, ninguno de los dos. El amor los unió solo una noche, y hoy es el día que le agradece rotundamente a su ángel por darle ánimos para seguir… Amando.

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