Cierro los ojos y te veo, a milímetros de mi espalda desnuda agonizando por el deseo.
No nos une más; de noche te veo por entre mis ojos, testigos de los secretos inicuos que esconde tu boca. Me observas, suspiras, mueres, renaces; vives.
En un mundo absurdo de almas y sueños, donde las lágrimas se evaporan antes de caer, donde rozarnos no existe.
Desliza tu sudor por el mío, inhala y estremece tu cuerpo.
Así entenderás que lo que nos aísla no es más que un espejo; y para entonces, espérame, pues ya habré encontrado solución al romperte sin quebrarte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario