Eran las 11 de la noche y como si una magia me cubriese, me sentí más vacío que nunca antes, esperaba entonces el metro que me llevaría a casa, y en él dejaría mi vida.
Me disponía a renunciar a mi trabajo, entonces esperé tranquilo.
A la hora que el metro se detuvo y descansó, abrió las puertas rechinando; entré complacido de haber terminado un extenso día de martirio, no me importaba entonces, que la lámpara tiritara… me hacia falta cojones para aceptar la realidad.
Y así con el pasar de los segundos, entré en el trance monótono sentado tambaleando por la velocidad de la jodida máquina.
Después de unos cuantos minutos en-sueño, el olor del ambiente había cambiado; percibía con claridad que algún ente clavaba su mirada sobre mi cuerpo, entonces.. estremecí.
Al abrir los ojos, y notarme de semejante figura esbelta, estremecí aún más.
Me sonrió.
La luz tiritaba, y entonces me acomodé de nuevo en la silla, quedando recto hacia ella.
Me volvió a sonreír.
Los nervios se acumulaban en una sola pierna, tambaleando; mis manos comenzaban a sudar.
Lo notó, y suspiró mirándome a los ojos
La voz no me salía, ni siquiera para poder armar una conversación estúpida entre desconocidos.“Cómo estás?” repetía mi cabeza, mientras pasaba saliva.
Ella se arreglaba el pelo, hermoso por cierto.S
e subía las medias y se echaba aire al mismo tiempo que desabotonaba su blusa, tez canela, ojos verdes, pelo liso y negro como el color de sus botas.
Creí haberla visto en otro lado.
Se acomodaba, cruzaba las piernas. Mientras yo pensaba cómo carajos hacerle para llegar a su cuerpo.
Que calor, repetía con continuidad mientras me miraba y sonreía.
Se recogía el pelo.. y entonces vi a dios; se le notaban la diminutas goticas de sudor que emanaban de su piel, dócil por cierto.
Entramos entonces al túnel, y mientras la luz tiritaba trataba de enfocarla…
Suspiró con fuerza, y cómo si fuera la misma magia que me acompañaba, la luz se apagó.
Siguiendo mis instintos me paré cobardemente, esperando llegar a tocarla.
Efectivamente, ella había hecho lo mismo, y en un abrir y cerrar de ojos, estaba tumbada sobre mi, con su lengua en mi garganta.
Sentía como los carriles se clavaban en mi espalda, mientras que desesperada arrancaba mi camisa sin piedad, fui víctima entonces de sus mordidas, y sus marcas por todo mi torso, no importaba más.
El tiempo nos quedaba corto; tirados en un suelo metálico dejábamos volar nuestras pasiones.
La vía se invirtió, y en un parpadeo terminé encima de ella, sudando de frío y mirándola a los ojos, el viaje entonces terminó cuando me clavó sus uñas en mi espalda, mientras se retorcía sensualmente en el metro.
No voy a olvidar esa noche; y esa última mirada que me regaló, mordiendo su labio deshecha en placer.
Las semanas siguientes todo se me derrumbó, no podía controlarme.
Todo el tiempo estaba en mi cabeza, ya no podía dormir; no tenía noción del tiempo, si quiera para presentarme en el trabajo.
Deliraba todo el tiempo con su figura, mi vida ya no era la misma.
La paredes y los cuadros me hablaban, el eco se hacia cada vez más fuerte... “que calor, que calor, que calor, que calor…”
Los días siguientes al tormento, vivía con una erección todo el día y una sonrisa en el rostro, evidentemente ya no era persona.
Hace unas semanas la vi por la calle, se dirigía muy tranquilamente al metro.
No me notó.
El ambiente se torno tosco, entonces comprendí que: ahí, iba el destino de algún otro hombre.
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escrito viejo*
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