Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

16 de agosto de 2008

Domingo 20 de Abril

El día que me enteré que The Doors venía a Bogotá, me emocioné tanto que ahora me es imposible describir el momento. Al día siguiente, las boletas estaban a punto de ser agotadas por el público capitalino, que moría por ver en escena a una de las bandas clásicas del rock alternativo.

La banda legendaria The Doors, se presentó el pasado 20 de abril en el Downtown Majestic cumpliendo las expectativas de todos los espectadores ansiosos. El tour, Riders on the storm (40 años), tuvo un gran éxito a nivel continental; y, sin ser la excepción, Bogotá vivió una experiencia inolvidable, cultural y musicalmente hablando.

Llegué puntual al concierto, 6:45. Como usual, el frio característico de la noche, la luna radiante y una que otra nube adornaba, sin duda, el cielo bogotano; mi cuerpo se llenó de ansiedad y emoción cuando a las 7:15, aproximadamente, abrieron las puertas del teatro. Entré entonces, con un par de amigos; fui objeto de la requisa necesaria y la boleta, en contados segundos, desapareció por completo.

Elegante, vestía el sitio con meseros. El trago Jack Danniel’s y los cigarrillos Pielroja como patrocinadores, le dieron un ambiente disímil al concierto. El público de todas las edades, literalmente, se desesperaba por oír a los músicos aclamados. Un grupo nacional hizo parte de la apertura al concierto, esforzándose y dando lo mejor de sí, intentaron satisfacer a la audiencia exigente que anhelaba oír a la banda originaria de Jim Morrison.

El momento llegó, a las 9 de la noche inició el espectáculo ansiado con una canción clásica del grupo, Love me two times fue cantada con euforia por el público fanático y por su vocalista; un hombre joven que con su pelo largo y crespo, sus movimientos lúcidos y su voz particular imitaba de muy buena forma al gran icono musical, Jim Morrison. Whisky bar, L.A. woman, People are strange y Love her madly fueron parte del mágico repertorio que me sumergió en un viaje al pasado.

La canción más famosa, Touch me, fue dedicada al ex-integrante y líder de la banda fallecido en la década de 60, Morrison. El público, emocionado, gritó exasperadamente, mientras que con el teclado característico se dio pie a la canción.

El concierto, como cualquier otro, tuvo algunas complicaciones: las drogas legales e ilegales estuvieron presentes durante el transcurso del mismo, peleas en las puertas del teatro, desmayos y maluqueras, hicieron parte de la mala cara del show.

Pero en sí, las expectativas se llenaron y el diverso público salió del Majestic, satisfecho hasta las venas, por ver en escena una de las bandas más solicitadas en las últimas 4 décadas.

Gracias The Doors!

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