Ya la había visto, mi memoria me estremecía cada vez que por mis pupilas se obturaba su rostro; mi cuerpo temblaba lleno de furor y angustia, mientras mis neuronas escarbaban los lugares más ambiguos, en busca de ella.
- me hablaron de vos.- dijo mientras se sentaba y cruzaba sus piernas a la par del segundero.
– me dijeron que eras buenísimo, Julián es que te llamas?-
- ahá.- dije asistiendo con mi cabeza.
– por qué estás por acá?, no creo que te pueda ser útil-.
- mirá… - sucumbía sus labios, mientras mis ojos se perdían en su cuerpo.
Media hora se paso en un salivar instantáneo.
- te espero entonces, mañana a las 2, te parece?-
- perfecto- respondió.
La tarde seguido a eso, imaginé su cuerpo esbelto; sus gotas de sudor por sus pechos y su pelo recogido con esa mirada seductora; bienútil.
Se avecinó la noche, y mis nervios adornaron mi cama.
Soñé con ella, soñé con su voz, y sus gritos. Inimaginable, nunca me había sucedido algo parecido.
- cómo estás?- le dije mientras me ponía mi bata,
- como amaneciste hoy?- reiteré, tratando de ser cortes.
Evidentemente llevaba mucho tiempo esperándome.
Tres menos diez.
Y en un palpar de pensamientos, se encontraba desnuda en el quirófano somnolienta con el abdomen apuñalando al cielo.
Me invadieron las ganas de abrazarla y besarla, y mientras parpadeaba mi realidad confundida actuaba como fantasía.
Los dos desnudos, sobre el mundo.
Sangre.
El golpe basto, de nuevo a la realidad; signos vitales esparcidos sobre el mesón, mezclados con alcohol y bisturí, más sangre.
Mis ojos llorosos calmaban sobriedad; Sangre.
Yacía el cuerpo inmóvil, y mi conmoción no frenaba con el tiempo; aumentaba mi angustia, y como su alma, mi mirada se fue perdiendo lentamente. No volví a ser el mismo cirujano de siempre, la añoré desde mi recuerdo; y sin parpadear voló su presencia a mi almohada; era ella. La mujercita que me vio crecer.
La del lazo de saltar a las 4, o su tomataté a las 6 con sus amigas. Mi garganta sofocó mi deseo; mis manos seguían ensangrentadas, sus yugulares en Marte. La muerte no me iba a perdonar, pasaba el tiempo; y ella seguía intacta, su color había empezado a fundirse en el rojo del suelo. Sus ojos a hundirse, y mi vida a disiparse.
Una, dos, tres horas; el viento se volvió mas denso y yo no hallaba que hacer… ahora la respiraba a ella, a ella y sus líquidos indelebles, sus fragancias narcóticas, sus ambiciones sin tilde; el amor y la muerte; lo que pudo ser, y terminó no-siendo. Era ella, en mis pulmones.
Y luego en mis brazos, que aún seguían ensangrentados Terminó debajo de la luna, a través del mar.
Hoy se despertó de mi cabeza, optó por robarme el sueño.
Y como raro, prefirió sonreírme, (como solía hacerlo con sus amigas a las 6, sentadas juntas en la mesitadelté); prefirió hacerlo, a gritarme desde el cielo, maricón.
____________
escrito viejo*
No hay comentarios:
Publicar un comentario