Los ojos del amanecer son los únicos que puden juzgar nuestra existencia,(...) detrás del alba siempre se esconde la noche; detrás de ella, mi vida.

12 de enero de 2010

El amor después del amor::

“Es que el sexo entre tu y yo, ya no funciona”
Me decía mientras me acordaba de los momentos lúcidos junto a ella y su cuerpo; esa figura femenina que añoré por tanto.
Y ahí estábamos los dos, dejando volar recuerdos al aire con un vino-tinto en la punta de la lengua, a ver si con los segundos muertos alguna molécula del viento se excitaba en silencio… con el pasar de los años, de los nuestros. . . ahora solo nos queda el olvido
“Te acordás?, te acordás del día en la playa?”
Me contaba. Sentí como si la luna se me cayera encima,… vos eras de ésos… los que tanto me enamoran.
El reloj hizo tic-tac y la temperatura comenzó a elevarse; en reversa, a paso lento, mi memoria se llenó de imágenes fijas, esplendidas, recuerdos como el de la sala:
Te gusta lo que ves?, recostada sobre el sofá me decía, motivando mis deseos más sublimes con sus piernas y su espalda al desnudo.
Vení, vení y decímelo al oído, reflejaban esos labios marcados y delicadamente deliciosos, culpables de la succión de mi alma.
El tiempo se detenía mientras mis manos acariciaban su ser y esperaban tranquilas el momento indicado.
Muérdeme, muérdeme con fuerza, y despacio ella fue víctima de mis caprichos.
Comencé, sediento de su piel, a dejarle ligeras huellas en todo su cuerpo con mis labios. Ligándome con su sabor.
Y mis manos inmutables, ansiosas por el tiempo y sus quejidos.
Besáme acá, me decía señalando su pelvis. Y entonces todo se alborotó y quise estar tan adentro de ella que dejé que el sudor me consumiera.
Sus manos sobre las mías hacían un juego espectacular, donde las palabras sobraban y las miradas eran partícipes de la supuesta aventura.
Me encantás, sobre todo cuando me miras de ese modo. Y sus manos se fusionaban con la piel de mi rostro, su lengua detrás de la mía, silencios conmocionados de erosiones repentinas. De nuevo sobre su rostro, mis dedos, parpadeos infinitos, los cíclopes se miran.
Me amas?.
Y un sollozo diminuto perforaba mis tímpanos, no hacía falta nada más, el sonido de las gotas bailando en el techo era nuestra única compañía esa noche y mientras ella miraba distraída a la lluvia, mi lengua se enviciaba con su cuello y su torso.
Te quiero adentro, me suplicaba, en susurro, al oído.
Y ahí estábamos los dos, haciéndole el amor a la poesía, mientras que con besos y algo de caricias penetrábamos nuestras almas una y otra vez.
Eres el hombre más tierno del mundo. Me decía tumbada sobre mi pecho en una madrugada de Enero.

“Si te acordás?” escuchaba detrás de mi cabeza, aún fundido en éxtasis por el recuerdo.

- me decías?

“Si me estás escuchando, boludo?”

- Sí, me acuerdo que fuiste la mujer de mi vida.

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