Han pasado 5 años y unos cuantos meses. . . pero mi memoria no olvida. Hoy mi pupila está más inquieta que anoche y solo por lapsos de tiempo entre-cierro los ojos con fuerza para sacarme del lugar más pútrido las voces indelebles, las imágenes retro, las frases concisas y las canciones a medio dedicar que me agobian cuando pienso en blanco. Pedazos de vida que inconscientemente tomé prestados para nunca devolver, trozos de ensueño que a la luz del sol se mutan con mis lágrimas saladas; sollozos, burlas y un vacío gigantesco en la imagen gélida que aparece si me volteo a un espejo. –CONTINÚO. . . EVITANDO MIRAR ATRÁS, CEGÁNDOME LA VISTA Y EXHALANDO EL AIRE QUE ME ESTORBA; no revivo pasados, escribo presentes. . . una cotidianidad mucho más agria que la de ustedes-
Soy silencios, soy preguntas sin respuestas y una punzada en la sien que se amontona de a pocos; intento dejar caer mi cabeza hacia atrás, como si los pensamientos deformes pesaran al punto de desequilibrarme el cuerpo; me quedo en negro, la luz amarilla del cuarto penetra mis ojos cerrados y la saliva se aquieta justo detrás del paladar. No tengo palabras, no tengo disculpas, ni perdones, no tengo nada para ofrecer, me perdí devolviéndome a mi vida. . . caminando sin rumbo; sintiendo cada inhalar más arduo que el anterior. . . como si el alma estuviera al borde del colapso y mis pulmones a punto de vomitar el aire fétido que se quedó impregnado adentro, me perdí retrocediendo de espaldas.
Y escribo para mi, para mantener cuerdo el olvido. Escribo con un nudo de mil vueltas, un nudo que se deshace en mi lengua y se estira en mi mente.
No, no miro hacia atrás, solo recojo los trozos de muerte que dejé en el aire. No, no le lloro a él, me lloro –solo a mi- porque soy la única realidad tangible; porque aunque ahora si tengo los pies en el piso hay un pasado que me absorbe y me sofoca. No, no lo sueño porque ya no me tortura, ni lo extraño, ni lo odio. Es inútil; aunque sea bizarro me convencí de que hace parte de mi cuerpo, como si fuera mi dedo meñique, mi mano izquierda, mi ojo pequeño, como si fuera mi piel manchada o mi espalda morena. Pero nada está bien, nada va a estarlo.
El amor no vuelve a ser el mismo después de haber probado la patilla, las lágrimas no vuelven a saber igual después de haberle llorado a él. Claro, lo que no te mata te hace más fuerte; pero mi caso es distinto, me he tatuado en mayúscula una historia que –sin propósito- me arde hasta el alma.
Y sí, prefiero pasar en alto mi balcón porque si no lo hago, cada rincón me desmenuza con bombardeos perturbantes, me quema por dentro y mi asfixia sin compasión, con cada uno de los recuerdos que prefiero olvidar.
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